Cuando miramos a nuestra Luna vemos un mundo perfectamente redondo, pero esto no es más que una ilusión resultado de que la observamos desde un único punto de vista.

Nuestro satélite natural se formo por los escombros lanzados al espacio tras una colisión planetaria durante los primeros millones de años del Sistema Solar. Estos quedaron atrapados en la órbita de la Tierra primitiva y se unieron para dar lugar a la aparición de nuestra amada Selene.

Sin embargo, la Luna no comenzó su existencia donde se encuentra en estos momentos, lo hizo mucho más cerca de la Tierra, con el paso del tiempo se ha ido alejando hasta situarse a casi 400.000 kilómetros de la superficie terrestre.

Pero la fuerza de gravedad de nuestro hogar cósmico ha provocado unos efectos colaterales sobre nuestro satélite, proporcionándole una forma similar a un limón con su eje inclinado.

Y descubrir los misterios que se esconden tras esta inusual forma es dar un paso hacia la búsqueda de exactamente cuándo y cómo se formó en realidad la Luna.

La mayoría de los planetas y las lunas rocosas se forman a partir de una bola de escombros, que terminan fundiéndose debido a la presión, y que gira rápidamente, esta rotación les proporciona una esférica bastante predecible.

La idea generalizada es que la Luna se formo cuando el hipotético planeta Theia, un mundo ahora desaparecido y que habría tenido el tamaño de Marte, choco contra la primitiva Tierra, arrancando una gran cantidad de material que se habría reunido en el espacio de la misma forma que lo habría hecho cualquier otro planeta o satélite. Así que, si aplicásemos las reglas generales, esa primitiva Luna debería haberse formado como una esfera casi perfecta, y sin embargo, en realidad la Luna tiene un bulto extraño tanto en el lado cercano como en la cara oculta, lo que le da una peculiar forma de limón.

Hay varias ideas para explicar cómo se formaron estas protuberancias, pero el estudio de ellas ha sido algo complicado debido sobre todo porque, desde que se formó, la Luna se ha visto afectada con las grandes cuencas que enmascaran su forma original. Una de estas cuencas, conocida como el cráter Aitken, está situada en la cara oculta de la Luna, cerca del polo sur, y es el cráter de impacto más grande y profundo de todo el Sistema Solar.

Maria Zuber del Instituto Tecnológico de Massachusetts y sus colegas crearon un modelo en el que situaron 12 de los cráteres de impactos más grandes para tratar de “ver” cómo era la Luna antes de de se formasen.

Los resultados sugieren que estos bultos que le dan a la Luna su peculiar forma se formaron durante los primeros 200 millones de años, cuando la gravedad de la Tierra tiraba del magma de la Luna, provocando que la corteza de la Luna fuese más gruesa tanto en la cara visible como en la cara oculta.

Pero esto nos deja con el misterio de la desconcertante inclinación de la Luna. Cuando se formaron estas protuberancias, deberían haber estado orientadas apuntando directamente hacia la Tierra, pero en la actualidad la Luna posee una inclinación de unos 36 grados.

Los investigadores sugieren que a medida que la Luna se aleja de la Tierra, el proceso de enfriamiento desigual de la corteza lunar provoco diferencias de densidad en sus materiales, poco a poco la Luna vio como su eje se inclinaba hasta alcanzar el ángulo que vemos en la actualidad.

El trabajo ha sido publicado en la revista Nature.


espacioprofundo.es 30/07/14