A los seres humanos nos encanta inventar historias de bestias temibles, desde el Monstruo del lago Ness hasta el Yeti, pasando por casos más de andar por casa, como la pantera o la serpiente que de repente aparecen en algún pueblo recóndito y que muy poca gente asegura haber visto.

Un buen ejemplo de estos mitos es el caso del Chupacabras, esa fiera legendaria comedora de ganado y nacida en Puerto Rico, que después se extendió por otros países de América Central y del Sur y, de ahí, al resto del mundo.

Su nombre lo dice todo sobre su afición, pues según aquellos que aseguran haberla visto, solía atacar a todo tipo de ganado, pero especialmente a ovejas y cabras, a las que succionaba toda la sangre de su interior. Muchos a día de hoy aseguran que se trata de una criatura real, aunque la mayoría asumen que no es más que un mito, por lo que tratan de buscar la chispa que pudo desencadenar la historia. Y, como siempre, la ciencia parece tener la respuesta.

El difundido mito del Chupacabras

Según la leyenda, el Chupacabras es una criatura de apariencia desagradable, del tamaño de un oso pequeño y el cuerpo cubierto de espinas. A pesar de haber sido divisada en un gran número de localizaciones, nadie ha podido recabar pruebas de su existencia, por lo que parece bastante claro que se trata de uno de esos mitos alimentados por el miedo y la superstición de la población, que le da tal difusión que resulta imposible concienciar a todo el mundo de que no es más que un mito.

Un mito que, como todos, tiene un origen asociado a algo real, en este caso una enfermedad que seguro que todos conocéis.

La explicación científica al mito del Chupacabras

Los ataques del Chupacabras comenzaron a reportarse en 1995, después de que ocho ovejas fuesen encontradas muertas en Puerto Rico, víctimas de una serie de agujeros por los que se había extraído toda su sangre.

Esto originó la leyenda de la bestia succionadora de sangre, pero según algunos expertos en biología y animales salvajes que acudieron a la zona, el tema de pérdida de sangre podía deberse más bien a que el animal en cuestión había perforado sin ninguna intención alguna arteria de gran magnitud, propiciando que sus víctimas se desangraran.

Quedaba por lo tanto conocer de qué animal se trataba y estos investigadores no tuvieron mucho problema para dar una respuesta, pues en esa época se habían dado muchos casos de coyotes afectados por sarna, una enfermedad típica de todas las razas que afecta a menudo a perros, lobos y otros cánidos, en los que provoca síntomas como la pérdida de pelo, la piel gruesa o el mal olor, todos ellos descritos por los testigos que aseguraron haber visto al chupacabras.

Además, posiblemente estos animales estaban demasiado debilitados como para cazarpresas salvajes, por lo que recurrían al ganado, mucho más fácil de capturar.

Lógicamente, esto no está demostrado, pero debéis reconocer que tiene bastante sentido en comparación con una bestia cubierta de espinas que se dedica a perforar y succionar la sangre de ovejas indefensas. Al fin y al cabo, hemos visto en repetidas ocasiones cómo una enfermedad puede convertir a especies inocentes en criaturas típicas de las películas de terror. La naturaleza es increíble por sí sola, no hay necesidad de inventar leyendas.

omicrono.com / Azucena Martin 20 julio 2016

La leyenda del chupacabras y su explicación científica