'Illacme plenipes'
Abc.es 14/11/12


La criatura con más patas que recorre el planeta es un diminuto milpiés de uno a tres centímetros de longitud que se encuentra en una pequeña área del sur de San Francisco (California). Su reducido cuerpo está dotado de nada menos que 750 patas, todo un récord mundial. Por si no fuera sufiente, tiene una anatomía complejísima que ha sorprendido a los investigadores: pelos que producen seda, aspecto translúcido y una rara boca destinada a succionar.

Este extraordinario miriápodo fue descrito por primera vez en 1928, pero no fue vuelto a ver hasta 2006, cuando el investigador Paul Marek y su equipo, de la Universidad de California, lo encontraron un área cercana al famoso Silicon Valley. Descrita en la revista ZooKeys, lo más notable de esta especie llamada Illacme peniples (algo así como «la culminación de los pies»), es su elevado número de patas. Las hembras tienen hasta la asombrosa cantidad de 750, superando a los machos que (solo) tienen un recuento máximo de 562.


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Hábitat del milpiés / Dos pares de patas por segmento

El animalillo entra dentro del numeroso grupo de los milpiés porque los segmentos de su tronco llevan dos pares de patas, mientras que sus parientes los ciempiés solo tienen un par por segmento. La proliferación de piernas puede ser una adaptación a la vida en una madriguera subterránea o suponer un beneficio a la hora de aferrarse a las rocas de piedra caliza que estas criaturas se encuentran en su hábitat. «Esta especie solitaria es el único representante de su familia en el hemisferio occidental. Su presunto pariente más cercano, Nematozonium filum, vive en el sur de África y su relación se estableció hace más de 200 millones de años cuando los continentes se unieron en la masa terrestre llamada Pangea», explica Paul Marek.

Una boca para succionar

No solo es la especie con más patas conocida en el planeta, sino que también tiene características anatómicas sorprendentes: pelos del cuerpo que producen seda, un exoesqueleto translúcido dentado y escamoso, y relativamente grandes (dado su diminuto tamaño) antenas que utiliza para seguir su camino a través de la oscuridad, porque carece de ojos. Su boca, a diferencia de otros milpiés que mastican con aparato bucal desarrollado, es rudimentaria y se fusiona en estructuras que son probablemente utilizadas para perforar y succionar tejidos vegetales o fúngicos.

La especie es muy escasa y está limitada a una sola zona cerca de San Juan Bautista, al este de la Falla de San Andrés. Este paraje de bosques de robles, rocas de piedra arenisca y suelo de arena fina tiene la particularidad de una gruesa capa de niebla que se acumula en ella, como la sopa en un recipiente hondo. Un lugar especial para una criatura que parece sacada de un cuento.