Roma, Siglos I y II. Hierápolis, una antigua ciudad perteneciente a este imperio, se encontraba en su mejor momento después de haber sido reconstruida tras un terremoto durante el año 17. En este lugar se encontraba el Plutonio, también conocido como "la puerta del infierno": una cueva que se creía que marcaba el paso hacia el inframundo, gobernado por el dios Plutón.


El Plutonio se ganó esta misteriosa reputación porque cualquier ser vivo que lo cruzara perdía la vida. En este lugar se realizaban ceremonias religiosas en las cuales se sacrificaban animales, y sólo los sacerdotes lograban salir de esta cueva para contarlo. A pesar de lo fantasioso de esa historia, su capacidad mortal es real y ha sido objeto de curiosidad tanto de turistas como de científicos.

Hierápolis se encontraba en lo que hoy es la región de Pamukkale, en Turquía, y es considerada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. En 2013, un grupo de arqueólogos (liderados por Francesco D'Andria) se encontró con la mencionada "puerta del infierno" y comprobó que las aves que se acercaban a ella caían muertas. También se encontraron con los guardianes que protegían la entrada: dos estatuas de una serpiente y un Cerbero.

Ahora, en 2018, el misterio al fin ha sido resuelto. Un grupo de científicos turcos y alemanes investigaron esta cueva y encontraron que el gran culpable de estas muertes es el dióxido de carbono. Se creía que el gas presente en la puerta era el aliento del Cerbero que resguardaba la entrada al inframundo. Pero (aunque esa explicación suena súper badass), el verdadero origen de esos gases se encuentra en la actividad sísmica.

Dicho fenómeno libera cantidades de dióxido de carbono que incluso podrían matar a una persona. Mediante un sistema portátil de análisis de gases, los expertos encontraron que de la gruta ubicada bajo del templo dedicado a Plutón emanaba una concentración de dióxido de carbono que llegaba incluso al 91%.

A pesar de que han pasado 2,000 años desde que iniciaron las leyendas de este lugar, los efectos del gas siguen vigentes. Fuera de la gruta, las concentración varían entre el 4 y el 53 %, dependiendo de la altura al nivel del piso. Los niveles de dióxido de carbono que se alcanzan durante la noche podrían ser mortales para el ser humano.

vix.com / Lilian Pérez

La ciencia resolvió el misterio de la mortal "puerta del infierno" en Roma