El 5 de mayo de 1945 soldados estadounidenses y soldados alemanes de la Wehrmacht lucharon juntos contra miembros de las SS nazis para liberar a destacados prisioneros de guerra franceses. Se cree que fue la única batalla de la Segunda Guerra Mundial en la que los estadounidenses y los alemanes lucharon como aliados.

Pocos meses después de la anexión de Austria por la Alemania nazi, el gobierno alemán requisó el castillo medieval de Itter (Tirol, Austria) para destinarlo al confinamiento de presos «VIP», es decir, aquellos a quienes los alemanes consideraban suficientemente valiosos como para mantenerlos vivos y alojados en condiciones relativamente dignas. Sus gruesos muros, un foso profundo y seco, una puerta de entrada prácticamente inexpugnable y numerosas marañas de alambre de espino hacían del castillo un lugar a prueba de fugas. Contaba con una dotación de veinticinco soldados de la SS al mando del capitán Sebastian Wimmer. En aquel momento se encontraba cautivo en el castillo un amplio elenco de personajes franceses: los ex primeros ministros franceses Édourad Daladier y Paul Reynaud, los generales Maxime Weygand y Maurice Gamelin, la estrella del tenis francés Jean Borotra o la hermana mayor de Charles de Gaulle, Marie-Agnès Cailliau.


Castillo de Itter

Tras el suicidio de Hitler, y ante la derrota inminente de Alemania, el capitán Sebastian Wimmer y sus veinticinco soldados huyeron repentinamente del castillo al amanecer del 4 de mayo. A instancias de Weygand y Gamelin, los prisioneros irrumpieron en la sala de armas y se armaron con lo que por allí quedaba. A pesar de todo, la presencia de unidades de las SS en el área significaba que no podían simplemente esperar para ser liberados por los Aliados. Tenían que actuar. Decidieron que uno de ellos fuera al encuentro de las tropas aliadas y traerlas al castillo. Zoonimir Cuckovic, miembro de la resistencia comunista yugoslava, fue el encargado de la misión, y se dispuso a recorrer en bicicleta los casi diez kilómetros que les separaban de la ciudad de Wörgl. Sabían que gran parte de la ciudad y sus alrededores estaban ocupados por un regimiento de las Waffen SS pero, en su lugar, Cuckovic se topó con el oficial Josef Gangl, que comandaba un grupo de soldados de la Wehrmacht y que ya tenía en mente la rendición de su unidad ante los estadounidenses. Gangl se dio cuenta que ayudar al rescate y protección de las personalidades francesas cautivas en el castillo de Itter sería visto con buenos ojos por los estadounidenses y podría ayudar a sus hombres y a él a estas alturas de la guerra. Gangl envió a Cuckovic hacia Innsbruck, al encuentro de la 103ª División de Infantería de EEUU, que acababa de tomar la ciudad. Por su parte, el oficial alemán y sus diez soldados partieron en dirección al castillo ondeando una bandera blanca en su camión. De camino a Itter, Gangl se tropezó con un puesto avanzado del 23 Batallón estadounidense de tanques. Contó la historia al comandante del batallón, y este le encargó al teniente Jack Lee liderar una misión para auxiliar a los cautivos franceses. Lee partió a primera hora de la tarde hacia el castillo de Itter al mando de dos tanques Sherman y catorce soldados estadounidenses, además de Gangl y sus diez soldados de la Wehrmacht.

Al verle llegar, los prisioneros franceses mostraron su agradecimiento, pero también su decepción: habían estado esperando un importante contingente de soldados fuertemente armados. La ayuda que venía no era obviamente la que esperaban, y más cuando casi la mitad eran soldados alemanes armados. El plan de Lee era simple: como no tenía suficientes vehículos para mover a sus hombres, a los franceses y a los soldados alemanes que le acompañaban, se harían fuertes en el castillo y esperaría los refuerzos de las tropas estadounidenses. La presencia de unidades de las Waffen SS en los alrededores era su preocupación inmediata, pero las gruesas paredes del castillo le permitirían resistir hasta la llegada de los refuerzos. La teoría del teniente Lee iba a ser puesta a prueba mucho antes de lo que esperaba. Justo después de las once de la noche, los miembros de las SS comenzaron a abrir fuego contra el castillo. Los tiroteos se mantuvieron hasta el amanecer, momento en el que varias rondas de proyectiles antitanque acabaron con los dos tanques Sherman que hasta entonces habían estado defendiendo la entrada del castillo. Comenzó entonces un ataque generalizado. Lee había ordenado a los prisioneros franceses que se escondieran en el interior, pero quisieron permanecer fuera y defender la posición junto al resto de sitiados. A primeras horas de la mañana, Josef Gangl fue abatido por el disparo de un francotirador mientras intentaba poner a salvo al ex primer ministro Paul Reynaud. Al mediodía, la fuerza estadounidense-alemana estaba casi sin municiones. Consciente de que se estaba quedando sin opciones, Lee aceptó el ofrecimiento de Jean Borotra de escabullirse a través de una grieta del muro, atravesar el bosque y las líneas enemigas corriendo y contactar con los refuerzos para que forzasen la marcha.


Josef Gangl y Jack Lee

Mientras tanto, Zoonimir Cuckovic, en su camino hacia Innsbruck, ya había logrado contactar con la 103 ª División de Infantería norteamericana, y una avanzadilla de tanques se acercaba hacia el castillo. Al mediodía, el teniente Lee ordenó que, al más puro estilo medieval, todos los defensores se retirasen a la torre del homenaje del castillo y desde allí defenderse con sus últimas municiones, con las bayonetas y —si era necesario— con los puños. Lucharían por cada pasillo, por cada escalera, por cada piso. Y así, poco antes de las tres de la tarde, Lee ordenó la retirada paulatina de los defensores hacia la torre del homenaje. En ese momento, un grupo de soldados de las Waffen SS se preparaba para disparar un cohete antitanque contra la puerta principal del castillo cuando se escuchó un grito:

Amerikanische panzer! (¡Tanques americanos!)



Los esfuerzos de Cuckovic y Borotra habían merecido la pena, los refuerzos llegaron justo a tiempo. Los soldados de la SS huyeron hacia los bosques de los alrededores. La defensa del castillo de Itter había terminado. Josef Gangl, el oficial alemán de la Wehrmacht fallecido durante el asedio, fue nombrado héroe nacional en Austria y una calle en Wörgl lleva su nombre. El teniente Jack Lee fue ascendido a capitán y recibió la Cruz al Servicio Distinguido por su heroica defensa del castillo.

Tan solo dos días después, Alemania se rindió incondicionalmente poniendo fin a la guerra en Europa, pero no antes de que los estadounidenses y los alemanes luchasen juntos en la batalla por el castillo de Itter, la batalla más extraña de toda la guerra.

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 25 abril 2019

La batalla más extraña de la Segunda Guerra Mundial: soldados alemanes y estadounidenses luchando como aliados