Cuando Albert Marr se presentó en la oficina de reclutamiento en Pretoria para alistarse en la 1ª Brigada de Infantería de Sudáfrica, los oficiales se quedaron de piedra cuando solicitó permiso para que le acompañase su mascota Jackie, un babuino. Sorprendentemente, fue autorizado. El primer destino de Albert y Jackie, ya convertido en mascota del Regimiento, fue Egipto, donde los oficiales se quedaron asombrados de la educación del primate -comía en la mesa con cuchillo y tenedor-, incluso participando en la instrucción y haciendo el saludo militar a los superiores. Así que, visto lo visto, le proporcionaron su propio uniforme y fue uno más de aquellos jóvenes soldados.


Albert y Jackie

En 1916, en los enfrentamientos librados en el Norte de África entre británicos —junto a los que luchaban los sudafricanos— contra alemanes y otomanos, tendrían su bautismo de guerra: Albert fue herido en un hombro y Jackie se quedó junto a él cuidándolo hasta que llegaron los enfermeros. Desde Egipto, el Regimiento de Albert se envió al corazón de la contienda, la vieja Europa.


Ya en Europa, iban a conocer la vida en las trincheras: los disparos de los francotiradores y de la artillería, los gases tóxicos, las ratas, el frío… una verdadera prueba de resistencia humana durante las veinticuatro horas del día. La vida en las trincheras era agotadora en muchos aspectos, no sólo en lo físico, sino también en lo moral. Era aburrida y se tenía miedo a la muerte. Los soldados estaban cara a cara con la muerte y muchas veces los cadáveres se descomponían frente a las trincheras. El sueño y el cansancio también desmoralizaban a las tropas. Los soldados se sentían deprimidos, agotados, apenas con ánimos para vivir y seguir luchando, cayendo muchos de ellos en desórdenes mentales, especialmente durante los últimos años de la guerra. Y en este marco desolador y, en demasiadas ocasiones, dantesco, es donde Jackie adquirió protagonismo: fue el encargado de mantener la moral de la tropa y aliviar el sufrimiento. Además, el fino oído de Jackie le convirtió en el mejor centinela, abortando varias incursiones del enemigo que, aprovechando la oscuridad de la noche, atravesaban la tierra de nadie (la zona que estaba entre las trincheras de ambos bandos) para llegar hasta ellos.

Después de casi tres años luchando en los frentes de Francia y Bélgica sin ningún contratiempo importante, incluso habiendo participado en algunas de las batallas más sangrientas como la de Passchendaele, en 1918 las cosas se pusieron muy difíciles. El Regimiento Sudafricano estaba siendo sometido a un intenso bombardeo y los soldados poco más podían hacer que tratar de cubrirse. Jackie, sin atender a los gritos de Albert para que se pusiese a cubierto, comenzó a construir un refugio con piedras para proteger a Albert… cuando una bomba estalló cerca de ellos y la metralla los hirió a ambos. Cuando los camilleros llegaron, Albert estaba en el suelo sin sentido y Jackie seguía apilando piedras arrastrando la pierna derecha que tenía casi destrozada. Fueron evacuados a un hospital de campaña pero a Jackie hubo que amputarle la pierna. Ambos se recuperaban y Jackie fue ascendido a cabo, además de recibir la medalla al valor.


Jackie después de amputarle la pierna


Terminada la guerra, fueron enviados a Inglaterra donde Jackie se convirtió en una celebridad y ambos amigos acompañaron a la Cruz Roja en eventos para recaudar fondos destinados a los soldados heridos. Terminada la gira, regresaron a la granja que la familia Marr tenía en Pretoria donde Jackie murió el 22 de mayo de 1921.

Fuente: ¡Fuego a discreción!

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 26/11/15

Jackie, el babuino que recibió la medalla al valor