Decía el psiquiatra R. Laing que “la vida es una enfermedad de transmisión sexual con una tasa de mortalidad del 100%”. Esto es muy pesimista, pero comprensible en un médico que vivió toda su vida el sufrimiento y no pudo salvar de la esquizofrenia a su propia hija. Laing pensaba en términos clínicos y no contables. Si lo hiciese, podría calcular si es o no rentable cuidar a los enfermos incurables y no recuperables para la sociedad. Al contrario que él, ahora se intenta analizar la salud como si fuese un balance, y para eso se utiliza la palabra mágica: gestión, sinónimo de administración, organización, y que casi se aplica a cualquier sistema: orgánico o inorgánico. Una célula gestiona sus relaciones con su medio a través de su membrana por la que absorbe lo que necesita y desecha lo que ya no le sirve. El hígado, del mismo modo, podría ser definido como el gran gestor bioquímico del cuerpo, ya que lo controla todo en el metabolismo, y el corazón es el gran gestor del tráfico y ordenador del movimiento.

Puestos a usar metáforas, ¿por qué no podemos decir eso y sin embargo sí que mejorar la organización de los organismos públicos es gestionarlos, y no reformarlos? Pues porque domina la ideología de la gestión, y según ella todo el mundo gestiona: las empresas, el gobierno, las escuelas, los hospitales, las familias y las personas. Cada cual es el gestor de sí mismo, y por eso da lo mismo administrar un paquete de acciones que el paro por parte de quién lo sufre, pues el trabajo es la gestión de las habilidades de cada uno, y depende de la inteligencia que uno tenga para administrarlas y de su capacidad de adaptación al medio. Ya no existen empresarios, sino solo emprendedores que gestionan el capital de la innovación, que es el capital de su inteligencia, ni trabajadores, sino gestores de sus recursos laborales. Por eso nadie puede dominar a nadie, ya que en el mercado de trabajo, los recursos y los beneficios, todos juegan sus cartas. Si lo hacen bien o mal, solo depende de ellos.Y llegaran los adolescentes a gestionar sus pajas?...

El campo de la salud, que comienza con el nacimiento y acaba en la tumba, no tendría por qué ser diferente. Por suerte, el cuerpo se regula a sí mismo, y se defiende con su sistema inmunitario, pero a veces enferma, se queda inválido o dependiente y necesita ayuda y cuidado, ahora y desde siempre. A lo largo de la historia, ese cuidado lo suministraba la familia, desde el parto atendido por la partera hasta la mortaja, pero desde hace un par de siglos la mejora de las condiciones higiénicas, la alimentación y el avance de la medicina hacen necesarios los médicos, los hospitales y los fármacos. Para acceder a ellos se los puede comprar, o recibirlos gratis de quien previamente ha quitado parte de su riqueza a los demás, como lo fueron en su momento los hospitales eclesiásticos , inspirados en la caridad, pero financiados por las rentas. Por eso nunca la salud ha sido gratis, siempre se paga por ella a médicos y empresas, o al estado a través de los impuestos cuando existe la sanidad pública, financiada por la renta del estado.

El problema es que ahora se nos quiere convencer de que quienes pagamos por la salud al estado estaremos mejor atendidos por las empresas, no por las de verdad, que compran y venden, sino por las que se quedan con una parte de los ingresos del estado, y se ha decidido llamar a eso gestión.

Un organismo tiene, por ejemplo, un presupuesto de limpieza, que se reparte entre gastos salariales y materiales. Se dice que ese mismo presupuesto transferido a una empresa que detrae parte de él como beneficio ahorra más y funciona mejor, lo que suele hacer bajando los salarios.

Del mismo modo, un hospìtal público, pagado por sus usuarios con sus impuestos, que tiene sus servicios organizados por criterios clínicos, se dice que se mejora troceándolo en módulos pseudo empresariales de control y gasto del dinero público.Se dice que los servicios no se coordinan y eso perjudica al paciente, cuando es verdad es porque están mal organizados y hay que reorganizarlos clínicamente. Se dice eso, pero se pretende, utilizando un lenguaje casi cínico, crear empresas virtuales en las que unas partes de un hospital contratan con otras y con el todo para ahorrar dinero y mejorar la atención.

Y se dice que eso se logra dándoles un presupuesrto cerrado y premiando al que menos gaste en clínica y ahorre para comprar aparatos, investigar o cobrar complementos en nómina, dejándole elegir el uso de lo ahorrado.Y se dice que todo ello no tiene personalidad jurídica, no que es ilegal, cuando ese dinero se suma a nóminas públicas y cuando los gestores nombrados, que pasarán a ser una aristocracia hospitalaria, controlarán e interferirán con el funcionamiento de los servicios y la actividad clínica con la excusa de mejorarlos.

Esto no hay quién se lo crea. Los médicos pueden ahorrar recetando, se pueden mejorar las compras hospitalarias y gastos de todo tipo. Pero un hospital no produce mercancías, y por eso atender a más pacientes en menos tiempo y con menos medios y recibir premios por parte de los nuevos señores de la salud, funcionarios privilegiados que controlarán a sus compañeros para recibir recompensas profesionales, no es administrar mejor el dinero ni mejorar la atención, ni tampoco privatizar la sanidad pública. Para eso una empresa debería comprar el hospital y los pacientes elegirlo si quisiesen. Solo es expoliar el estado.