Ojocientífico.com 30/07/13

Se tiene la creencia que la ciencia y la fe están completamente desligadas, sin embargo hay casos únicos en la historia de la ciencia donde se conjugan. Georges Lemaître fue un hombre que tuvo dos maneras de ver el mundo.

Nacido en Charleroi, Belgica en 1894, el joven tenía inclinación por la complejidad y elegancia de las matemáticas y las ciencias exactas. Inició en 1911 sus estudios de ingeniería de minas, aunque pronto los abandonó, sin mostrar entusiasmo. Tras su servicio en la Primera Guerra Mundial, ingresó a estudiar matemáticas en 1920.

El sacerdote astrofísico

Su interés por la física, particularmente por las teorías de la relatividad general de Albert Einstein, se manifestó en un estudio titulado La física de Einstein. Luego de ordenarse como sacerdote, consiguió gracias a su trabajo una beca en 1923, conociendo a Arthur Edington en Cambridge, donde trabajaron juntos en la confirmación de la teoría de la desviación de la luz por el campo gravitatorio, postulada por Einstein.

Según la concepción cosmológica del sabio alemán –con alguna influencia mística sin duda−, el universo era una hiperesfera con un radio constante, es decir, que con cierta semejanza a la hipótesis aristotélica, imaginándolo plano, estático y finito. Una teoría atomista del universo.

El universo según Lemaître

Sin embargo el sacerdote Lemaître, partiendo de las mismas premisas científicas de Einstein, refutó esta constante cosmológica argumentando que el universo se expandía. Según Lemaître, el universo desde su estado primigenio, era una suerte de embrión cósmico que se empezó a dilatar hasta tomar su estado actual.

Luego, Edwin Hubble, en su observatorio, se percató de que el sol era parte de un entramado, que a su vez integraba a una totalidad de galaxias conocido como Nebulosa de Andrómeda. Desde las tesis filosóficas de Kant en el siglo XVIII, cuando afirmó que existían universos-islas que albergaban nidos de estrellas, la ciencia no se veía estremecida por una confirmación científica empírica.

Georges Lemaître fue entonces, un sacerdote católico formado en la rigidez de la teología, irónicamente, el padre de la teoría del Big Bang. En alguna ocasión, mientras Einstein se encontraba dando un ciclo de conferencias en una universidad en Bélgica, uno de los científicos preguntó al genio alemán si pensaba que todos los asistentes habían comprendido cabalmente su disertación sobre el universo. "Posiblemente el profesor De Donder y el canónigo Georges Lemaître –contestó−, el resto creo que no".