Dulces, muy sabrosas pero sobre todo, cargadas de propiedades. La fibra y las vitaminas B y E se aglutinan en estos saludables pecados que se producen después de dejar secar algunas frutas. Te traemos unos ejemplos.


Los orejones, ya sean de albaricoque o de melocotón, son una excelente fuente de betacarotenos como su color naranja nos indica además de contener una buena dosis de hierro y potasio.

El festín dulce que nos ofrecen las pasas proporciona a los deportistas un buen número de hidratos en un pequeño puñado además de favorecer al tránsito intestinal con su contenido en fibra.

Cuando la tentación llega de Oriente Medio se convierte en estos sabrosos dátiles. Un manjar que marida con carnes o pescados y que además nos aporta los beneficios antioxidantes de la cisteína.

Aunque estemos en plena temporada de higos, cuando no los tengamos a mano también podemos recurrir a los desecados. Un postre exquisito si lo intercalamos con yogures o zumos.

La ciruela también se convierte en una opción saludable para aquellos que quieren disponer de un extra de azúcar y hierro, fundamentales para evitar las anemias en otoño.

Además en los últimos años han llegado a nuestras tiendas bayas como el arándano o el goyi que suponen una gran ayuda para evitar infecciones urinarias además de aportar un toque de acidez muy interesante.

Exquisitas en tartas, postres e incluso primeros platos. Las frutas secas son una gran opción para aportar energía a nuestra dieta mientras disfrutamos de la fruta incluso en los desayunos.


Frutas deshidratadas, medicina y golosina - - Esquire