Los perezosos, los mamíferos más lentos del mundo, que habitan las selvas tropicales del sur y el centro de América, pasan hasta el 90% de su vida cabeza abajo, colgados de los árboles de sus patas traseras, para poder alcanzar las hojas más tiernas que crecen en las puntas de las ramas, su alimento preferido. Sin embargo, esto no afecta a su respiración, como sí les ocurre a los seres humanos. Un equipo de investigación liderado por la británica Universidad Swansea ha descubierto que esta capacidad es debida a que los órganos internos de los perezosos están fijados de tal manera que impide que el peso presione los pulmones.

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La investigación, publicada por la Royal Society, fue realizada en un santuario de perezosos en Costa Rica. Estos animales, en peligro de extinción por la pérdida de su hábitat, son muy esquivos y practican el camuflaje como estrategia de supervivencia, por lo que los científicos saben muy poco de cómo viven en estado salvaje. Duermen de 15 a 20 horas al día, e incluso cuando están despiertos permanecen inmóviles. Son tan sedentarios que las algas verdes tienen tiempo para crecer en su pelaje.

Su metabolismo es igualmente lento, hasta el punto de que les puede llevar un mes digerir una sola hoja, y pueden almacenar un tercio de su peso corporal en la orina y las heces, que expulsa solo una vez a la semana. Esto significa que el contenido del estómago y de los intestinos es muy pesados. Los investigadores se preguntaban, por lo tanto, cómo este peso extra no parece afectar a la respiración de estos animales cuando están cabeza abajo.

El equipo encontró que estos mamíferos tienen numerosas adherencias únicas en los órganos del abdomen, como el hígado, el estómago y los riñones, que soportan su peso e impiden que presionen el diafragma y hagan imposible la respiración. «Estimamos que estas adherencias podrían reducir el gasto de energía de un perezoso del 7% al 13% cuando se cuelgan cabeza abajo», afirma Rebecca Cliffe, responsable del estudio. Para un perezoso, ese ahorro es una gran cosa. «Sería energéticamente muy costoso, si no completamente imposible, que un perezoso levantara este peso extra con cada respiración si no fuera por las adherencias. La presencia de estas simples adherencias, por lo tanto, es realmente vital», apunta la investigadora.

«Nada de lo que hacen los perezosos es normal», resume Rory Wilson, coautor del artículo. «Son, seguramente, los mamíferos más extraordinarios y peculiares que he encontrado y, sin embargo, sabemos muy poco acerca de ellos». Los investigadores creen que es importante profundizar en el conocimiento de los hábitos y comportamientos de los perezosos para poder luchar contra su extinción.


abc.es 28/04/2014