El exceso de sal en la dieta, es decir de un modo continuado, se relaciona con el aumento de problemas cardiovasculares y renales, así como con la diabetes de tipo 2, la obesidad y la retención de líquidos

El mayor aporte de sal en nuestras comidas no viene del salero, sino que está oculto en la conformación de determinados alimentos, de modo que se produce un efecto acumulativo


...... Según revelamos en su día en el artículo ¿Qué cantidad de sal diaria es la recomendada?, los españoles consumimos el doble de cloruro sódico del que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de 5 gramos, o bien para ser exactos de 2,5 gramos de sodio, pues este elemento, y más concretamente su desequilibrio con respecto al potasio, es el que puede crearnos problemas de salud.

En concreto, está demostrado que un exceso continuado de sodio en nuestra dieta, por encima de sus niveles correlativos de potasio plasmático, aumenta la tensión arterial y por tanto el riesgo de sufrir problemas de corazón como infartos, trombosis, arritmias, etc. Además, desequilibra la presión osmótica a nivel renal, de modo que el riñón tiene que trabajar el doble para ejercer su función, poniéndose en riesgo este órgano.

Por otro lado hará menos efectivas las contracciones musculares -el corazón también es un músculo, interviene en la retención de líquidos y aumenta el efecto adictivo del azúcar, por lo que aumenta las probabilidades de sufrir obesidad y diabetes de tipo dos. Pero el principal problema de la sal de mesa no reside en la que añadimos desde el salero, sino en la que nos viene por defecto en numerosos alimentos y que no notamos porque nuestro paladar se acostumbra rápidamente al sabor salado.

Así, a los largo del día vamos comiendo productos con sal de manera inconsciente, hasta acumular los 10 gramos de media -5 gramos de sodio- que según la OMS ingerimos los españoles. Y si bien la sal en su justa medida es necesaria, conviene vigilar sus fuentes de origen para no excedernos, por lo que a continuación te exponemos los diez principales alimentos que suponen un suministro de sal oculta a evitar.

1. Pan

La receta básica del pan es harina, agua, levadura y sal, con lo que es obvio que el cloruro sódico está muy presente. Lo normal es encontrar aproximadamente unos dos gramos de sal por cada cien gramos de pan, que puede ser el peso de un bocadillo estándar. Obviamente con ello ya habremos cubierto la mitad de nuestras necesidades.

2. Quesos


Si dentro del bocadillo hay queso, especialmente los más concentrados como los manchegos o los fundidos, ya estaremos en la frontera del exceso. El problema es que la leche contiene sal y al formar el queso por fermentación más evaporación y desuerado, se va concentrando el cloruro sódico, cuando no sucede que se le añade expresamente. Los quesos frescos, contra la que se pueda pensar, también son fuente de sal porque se les añade para eliminar el excesivo sabor a leche.

3. Embutidos

Si además el bocadillo lleva embutido, tipo "bocata de manchego y caña de lomo", nos estaremos comiendo una bomba de sodio que a la larga, si forma parte de nuestra dieta, acabará pasándonos factura. Aunque unos más que otros, todos los embutidos llevan sal, porque forma parte de su proceso de curado. Es obvio que el jamón salado la contiene, pero no nos engañemos: el dulce o de york no se queda atrás.

4. Carnes frescas

Las carnes frescas también contienen sal, aunque no sea en grandes cantidades; es el sodio que procede del músculo y al que si le añadimos el de la sal de mesa, nos dará unos porcentajes no demasiado saludables. Es importante acostumbrarnos a salar poco la carne para así ir acostumbrando el paladar; al final veremos que, incluso sin añadir sal, el bisté o la pechuga de pollo nos sabe salada.

5. Salsas

Todo tipo de salsas industriales, desde mayonesa a mostaza, o desde ketchup a salsa de rosa, etc. tienen cantidades de sal por encima de las recomendables. Es importante mirar la composición nutricional en el bote.

6. Sopas, cremas y caldos industriales

Aunque sean sanísimas y, como en el caso de los caldos, apenas tengan calorías, los preparados líquidos ya suponen un aporte de sal de como mínimo un gramo por cada 100 de producto.

7. Aperitivos

Hacer mención a las chips, los cheetos, los panchitos, las almendras saladas, etc. Son fuentes enormes, y nada saludables, de sodio innecesario.

8. Platos preparados

Podemos entender por platos preparados unos canelones o un pollo relleno, pero no debemos obviar que las pizzas que pedimos al repartidor también lo son y su cantidad de sal puede ser muy alta al contar con masa de pan, queso, embutido, etc.

9. Conservas

La sal es un componente indispensable de la mayor parte de las conservas, y aunque muchas veces puede residir en su mayoría en el líquido que hace de medio conservante, una parte siempre queda en el producto que ingerimos.

10. Bollería

Sí, la bollería y la pastelería también contiene sal procedente de la masa, y a veces, cuando es industrial, en cantidades ilógicas. Porque los sabores dulce y salado no son un binomio dicotómico sino que se pueden potenciar el uno al otro.

eldiario.es / Jordi Sabaté, 24 enero 2019

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