Jan Zabinski nació en Varsovia en 1897 en el seno de una familia acomodada. Su padre era un notario y su madre provenía de una familia de terratenientes. Estrechó sus relaciones amistosas con los judíos durante su servicio militar en la Primera Guerra Mundial, y después en la Escuela de Agricultura, donde también conoció a su esposa, Antonina Erdman –Antonia Zabinski tras la boda-. Se especializó en zoología y fue profesor. En 1929 fue nombrado director del Zoológico de Varsovia, que en aquel momento albergaba 1.500 animales. Todo se vino abajo en 1939 con el invasión alemana de Polonia. El bombardeo de Varsovia alcanzó el zoológico, matando muchos animales, y Jan recibió la orden de matar a los depredadores que podrían escapar y atacar a la gente. El resto de animales se enfrentaron a una lotería: el ejército alemán hizo una selección y los dividió en valiosos, que eran enviados a Alemania, y en no valiosos, que directamente eran eliminados. Fue horrible para los Żabińskis presenciar aquel cruel destino, pero la guerra no les dejó ninguna opción… con los animales.


Jan y Atonia Zabinski

Sin animales, Jan sabía que cualquier día vendrían a cerrar el zoológico o lo tomarían para cualquier otro menester, pero él quería mantenerlo abierto y tener el control. Así que, se presentó ante las autoridades y los convenció para que lo mantuviesen abierto y se utilizase como granja de cría de cerdos para el sostenimiento de las tropas del Tercer Reich estacionadas en Varsovia. Pero lo que realmente pretendía Jan era mantener el control del recinto como tapadera para el contrabando de alimentos con sus amigos judíos del gueto. La granja de cerdos comenzó a operar en marzo de 1940; los animales eran alimentados con sobras de restaurantes y hospitales, así como de la basura que los Zabinski y sus operarios recogían en el gueto. Ellos podían entrar y salir libremente del gueto debido a su nueva tarea. Esta situación marcó el inicio a gran escala del contrabando, primero de alimentos, y después de personas. Comenzó a albergar judíos en su propia casa durante cortos periodos de tiempo hasta que se recuperaban y, tras conseguir la documentación falsa, eran repartidos por los refugios de la resistencia. Su casa no tardó en quedarse pequeña para alojar a tantos judíos, así que decidieron alojar en casa sólo a los judíos con características físicas arias, como si fuesen parientes lejanos, y el resto, la inmensa mayoría, fueron trasladados a las jaulas vacías de los animales.


A cada uno de los «huéspedes» se le dio en clave el nombre de un animal, que sería con el que habrían de referirse los unos a los otros en todo momento. Irónicamente, las jaulas y celdas vacías del zoo sirvieron para ocultar a decenas de personas condenadas a una muerte segura. El matrimonio Zabinski ejecutó su plan de rescate a la perfección, delante de los propios alemanes, que en ningún momento sospecharon nada. Y es que sólo Jan y Antonina conocían los oscuros rincones del zoológico. Se calcula que más de 300 judíos salvaron sus vidas gracias al matrimonio.

Jan resultó herido en 1943 en el levantamiento del gueto de Varsovia. Se recuperó y fue llevado a un campo de prisioneros de guerra en Alemania, de donde regresó en octubre de 1945. Antonina y sus dos hijos fueron enviados a Alemania. En el camino, logró escapar con los niños y llegó a una aldea, donde permanecieron escondidos hasta el final de la guerra. Volvieron a Varsovia y Jan trabajó como profesor. Escribió más de 50 libros, y tuvo un popular programa de radio sobre animales. En una de las entrevistas que concedió a la prensa, Jan explicó:

«No fue un acto de heroísmo, sólo una simple obligación humana»


Fuente: ¡Fuego a discreción!


historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 16 octubre 2019

El zoológico de la libertad de la Segunda Guerra Mundial