Hablamos del 'denim', esa tela que ha resistido a todo tipo de contratiempos. Un material que ha colado en la vida de muchas personas. Y aunque hoy sigamos reconociéndola por sus famosos pantalones vaqueros, su historia nos demuestra cómo llego al mundo.


Los orígenes de esta famosa tela (más reconocida que ninguna) se remontan a los siglos XVII y XVIII en Europa. Precisamente, en el sur de Francia, los campesinos ya vestían este tejido. Chaquetas, chalecos o pantalones estaban confeccionados con el tejido de Nimes, que se conoce como denim. Por ello, al ver la resistencia de este tejido, Nimes se convirtió en un centro industrial basado en el algodón y que dio el pistoletazo de salido al denim como tejido.

Este material se presentaba teñido con azul índigo o con derivados de la planta de la yerba. Y su color estaba muy alejado de la tonalidad con la que hoy le conocemos. Al principio, su durabilidad y fuerza hicieron que se utilizase para las velas de los barcos, las lonas o los toldos. Pero fue en 1853, cuando apareció el conocido Levi Strauss y abrió en San Francisco un pequeño negocio en el que vendía botas, ropa y otros artículos.

En 1873, Strauss se dio cuenta de la cruda realidad de los mineros, de la dureza de este trabajo. Y por ello, al analizar la tela denim y observar su durabilidad, decidió convertir este tela en un pantalón tejano, el jean. Con el paso del tiempo, el pantalón vaquero de aquel entonces fue tomando otros caminos, al igual que el denim. Y a pesar de que hoy utilicemos esta palabra como sinónimo de pantalón vaquero, sus antecedentes nos muestran como es algo más que un jean.


esquire.es 17 /11 / 2013