Los científicos ya trabajaban sobre la base de que el núcleo terrestre es sólido, pero por primera vez pudieron confirmarlo a ciencia cierta. Gracias a un nuevo método capaz de detectar ondas sísmicas pudieron estudiar un tipo de terremoto que arroja información sobre la composición de nuestro planeta.

Los científicos de la Universidad Nacional de Australia estudiaron ondas sísmicas que pasan a través de la corteza terrestre, enviando energía al núcleo de la Tierra. Conocer cómo van cambiando en la forma de moverse es lo que aclara el tipo de material por el cual está pasando. El problema inicial es que las señales de esas ondas sísmicas son demasiado débiles como para captarlas fácilmente.

¿Cómo lograron detectar estas ondas sísmicas?

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Para hacerlo tomaron dos pares de receptores de ondas y compararon los datos tomados incluso tiempo después de los movimientos más grandes del terremoto. Este método se llama correlación cruzada, donde se analizan las similitudes en los datos obtenidos de las ondas para captar la «huella digital» de la Tierra.

Este descubrimiento es realmente importante, porque si bien desde hace tiempo se maneja la idea de un núcleo duro, en realidad no se había probado. Además, por años se pensó que el núcleo era blando y estaba conformado por metales derretidos, aunque ahora sabemos que no es así. Los científicos solo pueden acceder a 12 kilómetros de profundidad en la Tierra, pero se necesita mucho más para llegar a ese centro misterioso.

Pero a pesar de que el núcleo es sólido es, de todas formas, más blando de lo que pensaban. Así explica el descubrimiento el profesor Hrvoje Tkalčić:

«Resulta que, si nuestros resultados son correctos, el núcleo interno comparte algunas propiedades elásticas similares al oro y platino. El núcleo es como una cápsula del tiempo, si la entendemos, podremos saber cómo el planeta se formó y cómo evoluciona»

Conocer sobre la corteza terrestre implica saber más sobre nuestro propio campo magnético, fundamental para la vida de todas las especies.

vix.com / Katia Silveira, octubre 2018

El núcleo terrestre es sólido, pero no exactamente como lo imaginamos