Con la llegada de la primavera y el cambio de hora, un momento del año en el que algunos aseguran sentirse más cansados o apáticos, emergen con fuerza los suplementos vitamínicos como si fueran unas pastillitas mágicas que nos dotan de superpoderes para poder enfrentarnos al día a día. La realidad es que las vitaminas no aportan ninguna energía y que, si lleva una dieta equilibrada y no sufre ninguna carencia concreta, los suplementos no son necesarios. «Las vitaminas las necesitamos en tan pequeñas cantidades que es raro que haya un déficit en una persona sana», asegura a ABC la doctora Lourdes Carrillo, coordinadora del grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc).

Solo hay tres situaciones en las que estaría justificado, y siempre por recomendación médica, un aporte suplementario de alguna vitamina omineral: «adolescentes inapetentes en época de máximo crecimiento,durante el embarazo y la lactancia porque las necesidades son más altas de lo que la mujer puede reponer con la dieta; y en la tercera edad porque, por problemas de masticación o deglución, no sean capaces de comer todo lo que necesitan», señala a ABC la doctora Pilar García Durruti, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Grupo HM Hospitales. «Fuera de estas tres situaciones, con una dieta variada y equilibrada, no tiene sentido tomar suplementos», concluye.

Es más, algunas vitaminas, en exceso, pueden llegar incluso a ser perjudiciales. Por ejemplo, las vitaminas liposolubles A, E, D y K (las que se absorben en nuestro intestino unidas a la grasa) «hay que tomarlas bajo control médico si se suplementan porque en altas dosis pueden ser tóxicas para el hígado», advierte la doctora García Durruti. Sin embargo, las hidrosolubles (se disuelven en agua) como la C o las del grupo B, se orinan cuando hay un exceso en el organismo.

Recientemente la Preventive Services Task Force de EE.UU. recordaba que no hay evidencia científica suficiente para poder asegurar que los multivitamínicos tienen algún efecto en la prevención del cáncer y las enfermedades cardiovasculares, mientras que un estudio de la Universidad de Gotemburgo, publicado en la revista «Science Medical Translational», advertía de que tomar suplementos de vitamina E no solo no reducía el riesgo de cáncer sino que podía acelerar el crecimiento de pequeños tumores en pacientes de alto riesgo, como los fumadores.

Frutas y verduras al natural

La mejor manera de obtener las vitaminas y minerales es directamente de los alimentos. «Con tres raciones de frutas y verduras, un par de raciones de proteínas y una ración de lácteos al día, estás cubierto», asegura la endocrinóloga. La mayoría de las vitaminas, sobre todo las hidrosolubles, están presentes en frutas y verduras, pero se tienen que comer en estado natural. «En las conservas y zumos envasados las vitaminas y minerales se han perdido», afirma la doctora Carrillo.

Una de las propiedades que se atribuyen algunos suplementos es la capacidad de aumentar nuestra sensación de energía, pero no tiene que ver con las vitaminas y minerales. «La mayor parte de los complejos contienen también estimulantes como el ginseng o la cafeína, que es lo que te hace sentir más activo. Igual de bien que con un par de cafés», explica a ABC Soraya Bajat, jefa del Servicio de Psicología del Hospital Sanitas La Zarzuela. Estos estimulantes tampoco son inocuos. «La gente con ansiedad los tiene prohibidos», alerta.

La verdad sobre la astenia primaveral

No existe como enfermedad, igual que el síndrome postvacacional, pero sí hay un conjunto de síntomas que popularmente englobamos y denominamos como astenia primaveral: cansancio, falta de energía, dificultades para dormir, apatía. La variabilidad climática, el cambio de hora, más tiempo de luz, son factores ambientales que pueden influir en nuestro estado de ánimo y nuestros hábitos, pero es «un proceso de adaptación que dura días y pasa sola», explica la piscóloga Soraya Bajat. Para sobrellevarlo, es aconsejable cuidar la alimentación, mantener rutinas de descanso, evitar los estimulantes durante el día, hacer ejercicio y beber agua porque la deshidratación también produce fatiga.

Si los síntomas persisten o llegan a interferir de manera significativa en nuestra vida, hay que consultar con el médico porque éstos pueden estar camuflando otros problemas. «Hay que descartar hepatitis, mononucleosis y anemia, que provocan cansancio, o que sea el comienzo de un cuadro depresivo», advierte.


abc.es 06/04/2014