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Ojocientífico.com 16/08/13

Durante siglos la humanidad ha querido conocer la causa de los males que la aquejan. Al comienzo de la edad moderna muchos científicos intentaron adentrarse a las profundidades del mundo microbiano por medio de instrumentos como lentes de aumento. En la actualidad contamos con el microscopio electrónico pero, ¿qué fue necesario que pasara para ser una realidad?

Galileo realizó diversos estudios de observación para la Accademia de Lincei sobre la fisiología de una abeja. Marcello Malpighi describió con la ayuda de estas lentes la circulación sanguínea de acuerdo a las tesis de Harvey. En Holanda, Leeuwenhoek desarrolló por cuenta propia diversos instrumentos ópticos de observación inicialmente para revisar sus telas pero esto posteriormente daría pie al descubrimiento de los protozoarios.

El primer instrumento científico de observación microscópica

En la séptima década del siglo, Ernst Abbe, un físico de la Universidad de Jena, pudo deducir que la potencia de un microscopio dependía no de la calidad del medio óptico, sino en buena parte de la longitud de onda. Sin embargo en el siglo XX, los estudios y análisis de Louis de Broglie sobre la longuitd de ondas de luz, dedujeron que estas eran unas mil veces inferiores que el espectro de onda visible.

El microscopio de barrido

Un grupo de ingenieros alemanes entre ellos Max Knoll y Ernst Ruska, del Instituto Técnico de Berlín, patentaron el primer microscopio electrónico en 1931 por la firma Siemens. A medida que avanzaba la década de los treinta, se perfeccionó poco a poco la resolución del nuevo instrumento. En principio el microscopio tenía una longitud de onda de 100 Armstrongs (unidad de medida de longitud de onda) y con una capacidad electrónica bastante modesta.

Funcionamiento y utilidades científicas

El funcionamiento del microscopio electrónico es, básicamente, por medio de un conjunto de dispositivos de alto vacío. El motivo de esto es la circulación de los electrones entre el cañón electrónico y la pantalla. Del mismo modo un alto vacio evita que se produzcan accidentes consistentes en choques eléctricos contra iones positivos por los electrones que son bombardeados. De la misma manera, el vacío evita la contaminación de agentes externos sobre los objetos de estudio.

Estas herramientas han permitido a diversas ramas de la ciencia (como la biología, física, química, etc.), investigar los comportamientos y estructuras de materiales y seres vivos, dando un rango de visión que no era posible en las primeras etapas del desarrollo de los microscopios.