Leí en una ocasión, no recuerdo ni cuándo ni dónde, que, antaño, cuando un alumno completaba los cursos correspondientes al bachillerato era coronado con una corona de laurel, pero las ramas con las que estaba trenzada dicha corona debían albergar bayas del árbol consagrado a Apolo. El laurel siempre ha estado relacionado con el éxito y los triunfos, no obstante en la Antigua Roma los generales victoriosos eran honrados con una corona de laurel. Pero lo curioso no es la corona en sí, ni siquiera las bayas. Lo curioso es el hecho de las coronas con bayas, pues fue lo que dio el nombre a los estudios.


En nuestra lengua hemos perdido la relación entre las bayas y el bachillerato, y hasta con el propio laurel; pero si recurrimos al francés o al ingles, por ejemplo, vemos con un poco más de claridad la relación. En ambas lenguas, los estudios reciben el nombre de Baccalauréat y Baccalaureate respectivamente. Remontan a una forma latina: baccalaureatus, que es aquí donde se aprecia que la forma está constituida por dos raíces. Una primera, Bacca, que significa en latín “baya”; y una segunda, laureatus, “del laurel o relativo a este árbol”. Por tanto, el baccalaureatus es aquel al que se le otorga una corona con bayas de laurel. Señal inequívoca de triunfo.

Y ya que estamos con estudios, veamos de dónde viene la palabra del que los cursa: el alumno. Por extraño que parezca, el alumno y la alimentación tienen la misma base: al-. Ambas formas proceden del verbo latino alo que significa “nutrir, alimentar”. Por tanto el alumnus es el que se alimenta, en este caso con los conocimientos del maestro. Pero además sirve para designar la etapa: la adolescencia; pues si a la base alo le añadimos el sufijo incoativo de origen indoeuropeo: -sco (con la forma alesco “alimentarse, nutrirse”) y el prefijo ad– nos da la forma verbal adolesco “crecer” y los sustantivos adulescens y adulescentia “adolescente” y “adolescencia”, entre otros.

Así pues, el alumno, la adolescencia y la alimentación tienen un mismo origen.

Colaboración de Rubén Ríos Longares


historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 02 diciembre 2015

El laurel es para el estudio y para la cocina