Uno de los grandes anhelos del ser humano, desde hace ya muchísimos años, es saber si existe vida inteligente más allá de nuestro planeta. Aunque la vastedad del universo y sus millones de galaxias, estrellas y planetas hacen dudar de que seamos los únicos seres vivos pensantes, lo cierto es que hasta hoy los esfuerzos realizados por encontrarlos o al menos recibir una señal clara de parte de ellos no han dado los frutos deseados.

En ese empeño, uno de las historias más interesantes sin dudas es la del mensaje enviado por el Hombre a los extraterrestres a bordo de las sondas espaciales Pioneer, hace más de 40 años. Veamos algunas de sus curiosidades.

El mensaje de las placas

Las sondas espaciales Pioneer 10 y Pioneer 11 fueron enviadas al espacio por la NASA en 1972 y 1973 respectivamente con la misión de estudiar los planetas gaseosos Júpiter y Saturno, y se convirtieron en los primeros instrumentos hechos por el Hombre que volaron más allá de Marte, del Cinturón de asteroides, de los planetas gigantes e incluso, en salir del Sistema Solar.

Durante este trayecto, que reveló una abundante y valiosa información, cada sonda portaba una placa con un mensaje de la humanidad a una posible civilización inteligente que encontrara la nave espacial en algún sitio del Universo.

Las placas, hechas de oro anodizado y atornilladas al marco de las sondas, intentaban transmitir resumidamente la mayor cantidad posible de datos sobre los seres humanos y la Tierra empleando diagramas de líneas, con la esperanza de que los otros seres pudieran interpretarla, aprender sobre nosotros e incluso encontrarnos.

En la placa, que fue diseñada, entre otros, por el célebre astrónomo Carl Sagan, se pueden encontrar las figuras de una mujer y un hombre desnudos, y este último tiene la mano derecha levantada como muestra de buena voluntad.


Tiene también dibujado un esquema de nuestro sistema solar, así como la posición de nuestro Sol en relación con una serie de púlsares, de modo que nuestra ubicación puede ser triangulada desde puntos fijos en el espacio. En la parte superior se puede ver también el esquema de un átomo de Hidrógeno, el elemento químico más abundante del Universo.
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Cuando se reveló al público el mensaje que se enviaría a los extraterrestres se generó cierta polémica por parte de varias personas que no estaban conformes con el mismo y alegaron que se estaba dilapidando el dinero de los contribuyentes para enviar “obscenidades” al espacio, en referencia a la desnudez de los humanos representados.

Otros criticaron la complejidad del mensaje alegando que no sería fácilmente comprensible por seres totalmente ajenos a nuestra forma de pensar. Pero la intención de la placa no era que su mensaje fuera rápidamente detectable, sino más bien que fuera precisa e informativa. Si la otra civilización es avanzada, debería poder decodificarlo.

Otro punto polémico fue la advertencia de algunos de que revelar nuestra ubicación podría ser peligroso si las placas las encontraran seres hostiles que pretendieran atacar la Tierra. Se dijo que aunque existe esa posibilidad, no tenía por qué ser así necesariamente y valía la pena asumir el riesgo.

Esto además abría que sumarlo a las escasísimas posibilidades que existen de que las placas sean encontradas alguna vez por alguien dada su pequeñez y la inmensidad del espacio por el que viajan. De hecho, aunque estuviera lleno de vida el espacio, dar con ella sería como encontrar una aguja en un pajar. Esto desanimó a algunos que cuestionaron con más fuerza su utilidad real, pero por suerte, se impuso el optimismo de muchos y hoy, ya sin comunicación con la Tierra, las sondas siguen alejándose del sol en espera de ser encontradas algún día.


batanga.com 07/09/14