El colecho y el peligro de la muerte súbita


Según algunos expertos, compartir el sueño con los hijos puede ser peligroso por el llamado síndrome de muerte súbita, aunque otros informes rebajan la alarma





Soportar el llanto de un crío siempre es un mal trago. Si sucede de noche, aún peor para los padres, que tienen la tentación de arroparle junto a ellos y así aplacar su malestar durmiendo en familia. Pero esa práctica, el llamado colecho, puede ser peligrosa, si le damos crédito a una serie de investigaciones que lo relacionan con el síndrome de muerte súbita.

El profesor de Salud Pública, Robert Carpenter, ha alarmado a muchos padres primerizos que gustan de dejar descansar a los hijos con ellos (se habla de que se extiende a la mitad de los progenitores cuando los pequeños tienen menos de tres meses). Según el grupo de análisis de Carpenter, el colecho puede multiplicar por cinco el riesgo de fallecimiento imprevisto con respecto a aquellos bebés que duermen en su cuna. Según el estudio, el colecho puede provocar asfixia.

Este trabajo se publico en Gran Bretaña y generó un gran pánico. El síndrome de muerte súbita tiene una prevalencia de 0,15 a 0,23 casos por cada 1.000 en España.

Sin embargo, el estudio ha encontrado detractores, como Unicef, que indicó que no iba a cambiar ninguna de sus recomendaciones en el Reino Unido, porque no observó las evidencias suficientes. Ese fue el argumento defendido por el doctor Leonardo Landa. En la misma línea se manifestó el informe 'Maternidad y salud, ciencia, conciencia y experiencia' del Ministerio de Sanidad. “No existe evidencia científica firme que desaconseje esta práctica, en ausencia de factores de riesgo conocidos”.

En cualquier caso, compartir la cama con los niños no parece lo más recomendable, ya no solo por el factor de costumbre que eso supone para los pequeños (y la perturbación para los padres), sino por otros motivos. Desde el IHAN se señala que hay que evitar dormir con los pequeños si se reposa en superficies poco seguras (colchones blandos, sofás, etc), tomar medicamentos para dormir, fumar o tomar alcohol. Parece concluirse que las opiniones son diversas y que al final, como suele ocurrir, será la elección personal la que nos lleve a conceder ese capricho al bebé. Y ese descanso momentáneo para los papás. El problema es que quizás lo ocasional se haga hábito y se haga el amo de la cama grande de la casa.



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