Para ver si hay diferencias, antes deberemos mirar la composición de cada uno de los productos en liza; empezaremos por el after sun. Se trata de una emulsión fluida de agua y aceite que incluye varios componentes orgánicos. Es cierto que su base es igual a la de cualquier otra crema cosmética, ya sea hidratante, protectora solar, etc., y que lo que se busca con dicha matriz es mantener mezclados en una pasta fluida una serie de fracciones que en condiciones físicas normales no se pueden mezclar.

Por lo tanto, como toda crema, posee componentes humectantes, que facilitan la retención del agua, y también otros que facilitan que la emulsión se extienda sin más problemas por la piel -entre ellos derivados del aceite de palma-, se mantenga adherida a esta y además se cuele en la epidermis, que es una capa de células muertas, y la rellene. Hasta aquí no hay mucha diferencia entre un after sun y una crema hidratante.

Ahora bien, según se anuncia en la mayoría de los etiquetados, las cremas after sun contienen múltiples moléculas de origen vegetal, generalmente aceites aromáticos como el geraniol (de los geranios), el bisabobol (de la manzanilla), el mentol (de la menta), el citronellol (de la critronella) o el extracto de aloe. Se supone que su objetivo es actuar como antiinflamatorios y refrescantes de la piel.

En lo que refiere al efecto refrescante, este está claro, lo sentimos al aplicarnos el after sun, y se produce porque muchos de estos componentes son alcoholes muy volátiles y en contacto con la piel caliente se evaporan. Al pasar de líquido a gas toman la energía de la superficie dérmica y por tanto la enfrían. Es el mismo principio físico que rige en los compresores de las bombas de calor y las neveras. Adicionalmente, las cremas after sun también contienen una cierta proporción de alcohol etílico para potenciar este efecto refrescante, aunque el etanol no es tan fragante como los otros componentes.

No obstante, aunque hay estudios que avalan el posible efecto antiinflamatorio de algunos de estos componentes, sus resultados no son concluyentes salvo para el caso del extracto de aloe vera, que no está presente en todas las cremas. Por otro lado, algunas cremas after sun incorporan moléculas antioxidantes como polifenoles o resveratrol. Se supone que protegen la piel de la oxidación que han provocado los rayos ultravioleta, pero no está claro cómo pueden proteger de la oxidación cuando los rayos UVA ya han incidido y han generado las reacciones de enrojecimiento y síntesis de la melanina.

Su función en este caso, con independencia de que puedan o no ser absorbidos por la epidermis, es cuestionable. Y en similar situación se encuentran otros componentes que a veces se anuncian en las cremas after sun como la vitamina E o la vitamina C. Su presencia, en cambio, si se entiende en un filtro solar, donde precisamente se oxidarían con los radicales libres que generasen los rayos UVA en las células, evitando que estos ataquen al ADN celular.

¿Hay grandes diferencias con una crema hidratante?

No son diferencias esenciales pero sí que existen. Una de ellas es la presencia de los citados alcoholes refrescantes y presumiblemente antiinflamatorios. Otra son los antioxidantes y las vitaminas, si bien las vitaminas suelen presentarse también en muchas cremas hidratantes. Por lo demás hay diferencias en las proporciones de grasa y agua de ambas cremas.

La crema hidratante contiene más aceite que agua, dado su objetivo es evitar la deshidratación y dar untuosidad y firmeza a una piel que no tiene por qué estar caliente, para lo cual debe tener un efecto prolongado. La crema after sun, por su parte, cuenta con una mayor proporción de agua en la emulsión, con el fin de ser más ligera y dar menos sensación de pesadez. De este modo, la piel puede transpirar con mayor facilidad cuando está caliente, evitando que las gotas de sudor se condensen sobre la dermis, mezclándose con la crema y dando una sensación desagradable de churretes lechosos.

eldiaro.es / Jordi Sabaté, 16/08/2019

Diferencias entre un after sun y una crema hidratante: ¿son significativas?