La idea generalizada es que las primeras estrellas del Universo tuvieron que ser gigantescos soles masivos que vivieron apenas unos pocos millones de años, así que es fácil imaginar que en el cosmos es imposible, y la ciencia no reconoce esta palabra, que encontremos una de estas primeras estrellas.


Representación artística de la estrella SDS J0018-0939, un viejo sol de unos 13.000 millones de años situado en el halo de la Vía Láctea, y que revela información sobre la composición de las primeras estrellas en el Universo. Observatorio astronómico nacional de Japón

Estas estrellas de corta vida desaparecieron en medio de gigantescas explosiones que sembraron el cosmos con los materiales forjados en su interior, poniendo también las bases en la posterior formación de las galaxias y la evolución estelar. De este modo, la segunda generación de estrellas debería mostrar estos elementos, y eso es precisamente lo que se ha encontrado en una vieja estrella de baja masa que se encuentra en el halo que rodea nuestra galaxia, a unos 1.000 años luz de nosotros.

Según Wako Aoki, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, la baja metalicidad de esta estrella sugiere que puede llegar a tener una edad cercana a los 13.000 millones de años, recordando a la vez que la teoría del Big Bang nos muestra que nuestro Universo se formo hace unos 13.800 millones de años.

La composición química de esta estrella, cuya denominación es SDS J0018-0939, sugiere que pudo formarse por el material expulsado al espacio por una sola de esas primeras estrellas masivas, Aoki señalo que de haberse formado por el material generado por varias supernovas en ella encontraríamos que las peculiaridades de los materiales presentes en ella habrían sido borradas.

Así, Aoki nos muestra que durante el Universo temprano pudieron existir estrellas de diferentes tamaños y masas, desde apenas unas pocas masas solares hasta más de 200. La presencia de materiales de las estrellas de baja masa de primera generación parece ser abundante en sus descendientes, sin embargo, hasta ahora no se había detectado los materiales procedentes de esas estrellas masivas de primera generación, lo que parece sugerir que las estrellas de baja masa pudieron ser mucho más numerosas que sus contrapartes mas masivas en el Universo temprano.

Pero detectar estas primeras estrellas de baja masa podría ser muy difícil, la propia expansión del Universo habría desplazado la radiación que emiten hacia el infrarrojo cercano, lo que requeriría el uso de detectores espaciales muy sensibles.

Pero detectar los elementos expulsados por estas primeras estrellas masivas podría ser algo incluso más complicado, debido a su nula metalicidad, estas estrellas acabarían sus días como gigantescas supernovas que mostrarían claras diferencias con las que vemos en la actualidad.

Estas muertes serian el resultado del colapso del núcleo, un proceso que incluso podría dejar atrás grandes agujeros negros que podrían ser las semillas de los agujeros negros supermasivos que encontramos en el centro de la mayoría de las galaxias, por lo que encontrar esos materiales podría llegar a ser algo casi irrealizable.

El trabajo ha sido publicado en la revista Science .


espacioprofundo.es 22/08/14