La huella de identidad más conocida que distingue a unos seres humanos de otros son las huellas dactilares o, si nos referimos a un nivel más molecular, el ADN.

En otros artículos hemos conocido otras, como la huella auricular, presente en las orejas, y hoy os vamos a hablar de otra recientemente descubierta que resulta bastante original, pues está escondida en el interior de nuestro cerebro.

Y es que, según un equipo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, las conexiones estructurales de nuestro cerebro, conocidas como conexiones de fibra de materia blanca, son únicas entre individuos diferentes y sólo poseen un pequeño porcentaje de coincidencia entre gemelos, por lo que son una clara señal de identidad, similar a las tradicionales que antes mencionaba. Además, el estudio también ha sacado a la luz otro dato muy curioso que puede ser de gran utilidad en el campo de la medicina y la psicología.

La huella de identidad de las conexiones cerebrales


Para la realización del estudio, estos investigadores reclutaron a un grupo de voluntarios, que fueron sometidos a una técnica conocida como resonancia magnética de difusión, que analiza las conexiones establecidas entre las fibras de materia blanca del cerebro.

Es una técnica mucho más útil que la resonancia magnética convencional, ya que permite generar contraste gracias a la difusión de moléculas de agua a través de los tejidos biológicos.

Así, después de medir las conexiones neuronales de 699 cerebros, estos científicos hicieron una reconstrucción del patrón creado por la difusión de las moléculas de agua, concluyendo que, efectivamente, estos patrones eran únicos para cerebro y permitían identificarlos con un 100% de exactitud, incluso en el caso de los gemelos, que sólo coincidían en un 12%.

Las conexiones cerebrales: una huella de identidad cambiable

Otro dato interesante extraído del estudio llegó cuando los investigadores descubrieron que el 13% del patrón establecido por estas conexiones cambia cada 100 días, debido a que las vivencias personales quedan impresas en él.

Además, comprobaron que las vivencias compartidas, como la pobreza o el paso por otras calamidades similares, crea fragmentos similares en el patrón cerebral de personas diferentes.

Por lo tanto, como han explicado en su publicación de PLOS One, los datos obtenidos no serán utilizados para la identificación de personas; pues existen métodos mucho más sencillos, pero sí que puede resultar de utilidad para aplicaciones médicas y psicológicas.

Es curioso todo lo que encierra nuestro cerebro sobre nosotros. Y eso que aún nos queda muchísimo por conocer.

omicrono.com / Azucena Martin el 17/11/16

Descubren la huella de identidad de las conexiones cerebrales