Pop-rock

Deerhunter
"Monomania"


Tras ocho años de carrera, Deerhunter ocupan un inusual lugar en la música contemporánea: a la vez que no puede hablarse de un grupo masivo, ni siquiera a la altura en cuanto a popularidad de otras bandas de su generación y con las que comparten, más o menos, inquietudes y terreno sonoro, el grupo deBradford Cox yLockett Pundt ha sido y sigue siendo uno de los favoritos de la crítica especializada, el tipo de artistas que generan un extraño consenso a su alrededor. Su discografía hasta la fecha es impecable, incluso incluyendo las aventuras en paralelo de ambos en Atlas Sound y Lotus Plaza, que con los años han ido, encima, afianzando su legitimidad. Ya no sólo se trata de meras fugas y experimentos; ahora hablamos de satélites importantes para reforzar el campo gravitatorio en torno al que gira el proyecto principal, necesarios para mantener su órbita.

De hecho, la sensación es que la libertad que Cox ha encontrado enAtlas Sound, ancho cajón para su multifacético talento, ha permitido liberar a Deerhunter de cierta presión, mientras Lotus Plaza se ha convertido en el semillero de nuevos miembros con los que afrontar los continuos cambios de la formación (en este álbum Josh McKay y Frankie Boyles sustituyen a Josh Fauver). Su frenético ritmo de trabajo, lejos de secar el talento, ha sido beneficioso para todos: el grupo, los fans, etc. De hecho, el tiempo transcurrido entre la edición de "Halcyon digest" (4AD, 10) y "Monomania", el nuevo largo del grupo de Atlanta, ha sido el mayor lapso transcurrido entre trabajos de la banda, aunque Deerhunter han retomado la actividad donde lo dejaron. De nuevo, la referencia es el garaje y el proto-punk americano, abordado en esta ocasión con una sorprendente despreocupación, incluso con algo parecido a la frivolidad ("Dream Captain", una golosina psicodélica), divirtiéndose, ensuciando, trasteando.

Deerhunter han ido perdiendo con los años aquella vieja tensión psicopática, esa sed homicida que parecía latir en el fondo de sus primeros discos, siempre tremendistas y jacosos. Sus últimos trabajos en cambio suenan sorprendentemente frescos. Sigue habiendo allí un elemento inquietante, claro, como si Cox fuera incapaz de provocar otra cosa en el oyente, pero estos Deerhunter (escuchen "T.H.M") nada tienen que ver con los de "Cryptograms" (07) o "Microcastle" (08). Lo paradójico es que la entrada de cierta sensibilidad pop, lejos de mermar la potencia de su música, ha hecho de ellos un grupo mucho más versátil capaz de rozar lo arrebatador. "The missing" es un gran ejemplo de ello. Tras dos dentellazos con espuma por la boca, Bradford se enfunda el traje de crooner que llevaba en el reciente"Parallax" (11) para justo a continuación calarse el sombrero de cowboy puesto de peyote en"Pensacola" y lanzarse al ruidismo más descerebrado en "Monomania". Más seguros de sí mismos que nunca, cantante y grupo abordan nuevos registros sin perder el hilo en un disco que remite directamente al "Loaded" de The Velvet Underground. Deerhunter han vuelto. Sí, señor.



Tu amiga nharu