Gayo Mesio Quinto Decio, nacido en Budalia, Iliria (Martinci, Serbia) en el 201, llegó a la más alta dignidad imperial en el 249 de nuestra era. Gran admirador del primer emperador hispano desde sus años como gobernador de la Tarraconense, adoptó el nombre de Decio Trajano en cuanto fue investido como emperador por el Senado. Claramente dispuesto a recuperar la maltrecha situación del Imperio, se dispuso a reformar el estado para sacarlo de la profunda crisis en la que estaba sumido. Persiguió a los cristianos con encono, siendo considerado por la Iglesia como “un feroz tirano”. De mentalidad parecida a Trajano, y a los posteriores Aureliano y Juliano, estaba convencido de que el cristianismo era un cáncer para el Imperio y de la absoluta necesidad de volver al culto de los dioses patrios. Pero, por desgracia, Roma no sólo tenía problemas internos. Su antecesor en el trono, el débil Marco Julio Filipo, Filipo el Árabe, había resuelto el problema godo pagando ingentes tributos a cambio de paz, pero Cniva, el nuevo caudillo de los bárbaros llegados del Báltico, entendió que dicho tratado expiró con su valedor. Así que, en la primavera del 250 los godos cruzaron el Danubio en Novae (Svishtov, Bulgaria), tomándola al asalto y asolando después media Moesia a su paso. Esta situación tan complicada obligó al nuevo regente del Imperio a dejar aparcado su programa reformista, ponerse al frente de las legiones y marchar hacia el Danubio dispuesto a atajar el problema godo.


Decio

Los bárbaros tenían Nicopolis ad Istrum (Nikyup, Bulgaria) cercada cuando las enseñas imperiales aparecieron en lontananza, sorprendiendo a los sitiadores. Cniva, no dispuesto a presentarle batalla al emperador en aquel terreno desfavorable, levantó el sitio de forma atropellada y se replegó. Lo que parecía una huida se convirtió en una trampa, ya que los godos rodearon el monte Haemus y sorprendieron a Decio, asaltaron su campamento, lo saquearon y dispersaron a las legiones. Era la primera vez que un emperador romano huía de un caudillo bárbaro, un peligroso precedente que empeoraría durante aquella misma campaña. El desconcierto en las filas romanas fue utilizado simultáneamente tanto por el enemigo bárbaro como por los adversarios políticos de Decio. Al inicio del verano del 251, Cniva ordenó tomar al asalto Philipolis con suma crueldad. Miles de ciudadanos fueron esclavizados o asesinados durante el terrible pillaje. Mientras tanto, el hermano de Filipo el Árabe, Gayo Julio Prisco, se hizo proclamar emperador en la vecina Tracia. El problema de aquel inoportuno usurpador se resolvió solo, pues Prisco fue asesinado poco después, pero el feo asunto godo no parecía tener tan fácil solución.

Decio, horrorizado y encorajinado por los testimonios de los pocos supervivientes que pudieron escapar del horror de Philipolis, reagrupó sus tropas frente aquella ciudad, tratando de envolver a Cniva. El caudillo godo, sabedor de la dificultad de mantener un asedio con hombres cansados dentro de una población masacrada y sin víveres, optó por retirarse con el ingente botín de guerra y los nobles cautivos hacia un lugar que le permitiese tener camino expedito al Danubio, dividiendo su ejército en pequeños grupos difíciles de apresar por su gran movilidad. Decio les siguió, metiéndose él mismo si ser consciente de ello en una trampa letal. El lugar en el que Cniva decidió que había llegado el momento de reunirse y combatir fue un paraje cenagoso en la Ludogorie (“la región de los bosques salvajes”, en la mesera de Dobruja, actual Bulgaria nororiental), cerca de la pequeña población de Abrittus, también conocida como Forum Terebronii (a un kilómetro de la actual Razgrad). El rey godo conocía muy bien el terreno, aventajando en ello a su adversario. Este lugar insignificante próximo a un espeso pantano de Moesia estaba a punto de pasar a la Historia.


Hay disparidad de fechas según las fuentes consultadas, desde la segunda semana de Junio a mediados de Agosto, aunque la más referida es el primero de Julio del 251. Fuese cuando fuese, los hombres de Cniva, muy probablemente hambrientos y desesperados, se enfrentaron con las legiones comandadas por el emperador Decio en aquella inmensa ciénaga de Abrittus. Cniva dividió su ejército en tres partes, ocultando la más numerosa de ellas en el pantano. Según Jordanes, al inicio de la batalla, Herenio Etrusco, el hijo del emperador, fue alcanzado por una flecha, con tan mala fortuna que le causó la muerte. Como gesto de entereza para alentar a sus hombres, se dijo que su propio padre exclamó:

Que nadie llore; la muerte de un soldado no es gran pérdida para la República

Quizá alentados por el coraje del emperador, quizá obcecados en una lucha atípica para la férrea disciplina militar romana, o quizá atraídos por la artimaña de Cniva de aparentar debilidad cuando el grueso de su ejército permanecía esperando agazapado en aquel lodazal, el ejército imperial se fue empantanando más y más en aquella charca de Abrittus, engañado por su temprano éxito, y acabó combatiendo entre el barro hasta que la treta del godo invirtió el equilibrio. El ejército romano fue totalmente aniquilado. El emperador Decio murió junto a sus hombres en aquella desastrosa batalla. Con estas palabras lo reflejó el historiador Sexto Aurelio Víctor:

… Decio, mientras perseguía a los bárbaros al otro lado del Danubio, murió por traición en Abrito después de reinar dos años… Muchos cuentan que su hijo cayó en batalla mientras dirigía un ataque demasiado audazmente; el padre, en cambio, había afirmado enérgicamente que la pérdida de un soldado parecía demasiado insignificante para preocuparse. Y así siguió con la guerra, y murió de manera parecida mientras peleaba enérgicamente…

Y así lo describió años después Lucio Celio Lactancio, historiador cristiano y, por lo tanto, enemigo de la memoria y valentía del emperador pagano:

…fue repentinamente rodeado por los bárbaros, y le mataron, junto con gran parte de su ejército; no pudo ser honrado con los ritos de la sepultura, sino que, despojado y desnudo, yació para ser devorado por las fieras salvajes y las aves, un final adecuado para el enemigo de Dios…

Como artífice de la masacre de Abrittus, Cniva entró en la Historia como el primer rey godo en enfrentarse a las legiones dentro del limes, vencerlas y ser verdugo de un emperador de Roma. Decio fue el primer emperador en morir al frente de sus tropas durante una batalla, algo tan deplorable para un Imperio que comenzaba a agotarse moral y económicamente que, quizá a causa de esta ignominia, o a raíz de otras calamidades que sobrevinieron después, sobre los Decii cayó una damnatio memoriae. Treboniano Galo no tuvo más remedio que pactar con Cniva un enorme tributo compensatorio antes de tener que cederles territorio romano. Nada más se supo de él. A su muerte siete años después de la batalla de Abrittus, su pueblo se dividió en dos grandes grupos, los godos del Este (Ostrogodos) y los del Oeste (Visigodos)

El intrépido rey Cniva había abierto un camino sin retorno para otros caudillos bárbaros venideros: Roma no era invencible, sus emperadores también podían morir en combate y las provincias del Imperio quizá pudiesen ser sus nuevas tierras…

Fuente: Archienemigos de Roma


historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 4 diciembre 2018

Decio, el primer emperador de Roma muerte en combate