Cuando miramos al cielo nocturno vemos todo tipo de estrellas, soles parecidos al nuestro y gigantes estrellas azules, enormes estrellas rojas y pequeñas enanas del mismo color, incluso podemos “ver” enanas blancas y estrellas de neutrones de apenas unos kilómetros de diámetro. Pero hay un tipo de estrella que hasta ahora no hemos sido capaces de encontrar en el Universo, una enana azul.


Representación artística de un sistema planetario en la órbita de una enana roja

A diferencia de lo que ocurre con las estrellas de gran tamaño como la nuestra, las enanas rojas son capaces de consumir la mayor parte de su hidrogeno, fusionándolo y convirtiéndolo en helio. Pero debido que las enanas rojas fusionan este hidrógeno muy lentamente y a que son altamente convectivas, todavía no ha pasado el tiempo suficiente desde el nacimiento del Universo como para que se haya formado una sola de estas enanas azules. En la actualidad conocemos la existencia de enanas rojas con edades de las de 12.000 millones de años, y a estas todavía les queda mucho combustible antes de convertirse en enanas azules así que, de momento, no dejan de ser objetos puramente teóricos.


Representación artística de una enana azul rodeada de varios planetas. Debido a que las enanas rojas no pasan por la fase de gigantes rojas, los planetas presentes en el sistema solar interior podrían sobrevivir sin problemas.

Como les sucede a todas las estrellas, a medida que pasa el tiempo estas enanas rojas incrementan su luminosidad. Pero cuanto más luminosa es una estrella esta necesita irradiar una mayor cantidad de energía más rápidamente para poder mantener en equilibrio las fuerzas que la sostienen.

Las estrellas más grandes como la nuestra solucionan este problema aumentando su tamaño, convirtiéndose así en gigantes rojas capaces de engullir todos los planetas que se encuentran en sus proximidades. Y a medida que pasa el tiempo, estas terminan perdiendo sus capas externas, liberando en el espacio los elementos creados durante la fusión nuclear.

Sin embargo, para mantener este equilibrio las enanas rojas aplican una solución mucho más drástica, en lugar de expandirse incrementan su radioactividad, lo que provoca un aumento de la temperatura de su superficie, esto a su vez implica que la estrella comience a tornarse de un color azulado, pasando así de un tipo espectral M al O debido a que las capas de la superficie de las enanas rojas no se vuelven más opacas a medida que aumenta la temperatura.

Pero la última fase de una enana roja parece ser idéntica que la muerte de estrellas similares a nuestro Sol. Al ser capaces de fusionar la mayor parte de su hidrógeno en otros elementos más pesados, podríamos decir que casi toda la estrella es en realidad un núcleo estelar, su diámetro poco a poco va encogiendo, en su interior encontraríamos grandes cantidades de helio, después, debido al aumento de densidad en su interior, el helio se fusiona creando oxigeno y carbono.


Representación artística de un disco de polvo alrededor de una enana blanca

Finalizadas las reacciones nucleares tras agotar ese helio, la estrella ya no tiene forma de evitar colapsar bajo su propio peso, la distancia entre los átomos disminuye y los electrones tienen menos espacio para moverse, por lo que se ven obligados a moverse muy rápidamente, esto provoca la llamada presión de degeneración electrónica, que se opone a las fuerzas que obligarían a colapsar a la estrella, tenemos entre manos lo que algunos llaman “estrellas degeneradas” o lo que comúnmente se conoce como una enana blanca.


espacioprofundo.es 18/08/14