Reconozco que el término ‘charol’ trae a mi memoria docenas de recuerdos de mi infancia y rápidamente lo asocio con los trabajos de manualidades que realizábamos en la escuela y también en los días de fiesta familiar o de evento especial en los que mi madre nos calzaba con unos zapatos tan relucientes que incluso podíamos vernos reflejados en ellos.


Recuerdos de infancia aparte, resulta curioso cómo surge llamar de ese modo (charol) al mencionado papel y cierto tipo de calzado.

El término charol llegó al castellano desde el portugués ‘charão’, que era la forma en la que nuestros vecinos lusos habían adaptado a su idioma el modo que los chinos (en la época en la que Macao fue su colonia) llamaban al barniz (chat liao) utilizado para la lacar y dar lustre a ciertos materiales, como metales, pieles o piedras.

Se trataba de un barniz especial que tenía la característica de no cuartearse, por lo que era ideal para ser aplicado sobre piezas como los zapatos de cuero, los cuales les daba un aspecto brillante e impecable.

También se usaba para barnizar algunos objetos de plata (como por ejemplo las bandejas) siendo llamadas estas en muchos lugares como ‘charolas’ (sobre todo de Hispanoamérica), de ahí que sea común escuchar la expresión ‘pasar la charola’ como clara alusión al acto de ir pasando una bandeja en la que depositar los donativos (especialmente en las iglesias).

Cabe destacar que la técnica de barnizado realizado en oriente con el ‘chat liao’ (literalmente ‘material que barniza’) fue mejorado en occidente a partir del siglo XVIII y posteriormente, alrededor de 1818, el inventor estadounidense Seth Boyden creó un barniz que dio paso hacia la confección y comercialización de los lustrosos ‘zapatos de charol’ y a la creación del mencionado ‘papel de charol’ (lacado y de vistosos y brillantes colores por una cara y blanco mate por la otra).

20minutos.es / Alfred López 26 de agosto de 2019

¿De dónde surge llamar ‘charol’ a cierto tipo de papel y a los zapatos muy lustrosos?