20minutos.es 12/08/13

De sobra es conocido el hecho de que, a lo largo de la mayor parte de la Historia, el tener una piel blanquecina era un símbolo de distinción entre las clases altas, la aristocracia y familias reales (de ahí el origen del término ‘sangre azul’, ya que al tener la piel tan pálida dejaba ver las venas azules). Todo este tipo de personas siempre andaban resguardándose del sol bajo sus sombrillas y sombreros, procurando que ni un solo rayo del astro rey tocase por casualidad centímetro alguno de su piel.

Por el contrario, las clases más bajas solían tener una piel tostada la mayor parte del año, debido a que, la mayoría de ellos, realizaban su trabajo a la intemperie y bajo el radiante sol, sin llevar protección ni tenenr cuidado alguno.

Recién iniciado el siglo XX los avance en la ciencia hizo conocer los numerosos beneficios terapéuticos que tenía el sol sobre la salud de los seres humanos y muchos fueron los médicos que comenzaron a recetar/recomendar a sus pacientes tomar ‘baños de sol’ y así combatir numerosas enfermedades (entre ellas la anemia, la depresión, refortalecimiento óseo, etc).

A pesar de los múltiples beneficios que aportaba el sol, los miembros de la alta sociedad continuaban resistiéndose a que su piel fuese bronceada y dejaba esto para las clases más bajas y los enfermos (bajo prescripción médica).

Pero llegó un momento en el que, de la noche a la mañana, se decidió que el estar pálido y tener una piel blanquecina ya no resultaba atractivo, poniéndose de moda entre los círculos más exclusivos la piel bronceada por el sol, algo que, a la par de saludable, resultaba visualmente hermoso.

Fue durante la década de los años 20, una época que marcó tendencia entre lo que estaba de moda o ya lo había dejado de estar. Dos son las mujeres señaladas como precursoras de la piel bronceada: Coco Chanel y Josephine Baker.

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Coco Chanel y Josephine Baker.

Por una parte la historia que relaciona a la famosa diseñadora y la popularización del bronceado es la anécdota que explica que, tras regresar a París de unos días de vacaciones realizando un crucero por el Mediterráneo a bordo del yate del duque de Westminster, llegó con la piel tostada por el sol. En aquellos momentos, Coco era una de las personas que marcaba tendencia y absolutamente todo lo que hacía, diseñaba o decía se ponía de moda entre la población de un día para el otro.

Esto hizo que el estupendísimo bronceado que lucía Coco Chanel fuera imitado por la legión de seguidoras que tenía.

Coincidiendo con la época (aunque más hacia mediados de la década), también se atribuye la moda de tomar el sol y tostar la piel a la cantante y actriz Josephine Baker. La artista, conocida como ‘la mujer de la piel de caramelo’, hizo que muchísimas mujeres de todo el mundo tratasen de emular su tono natural de piel bronceándoselo.

El vertiginoso auge por tostar la piel y ponerla morena hizo que en 1927, el diseñador y perfumista francés Jean Patou, lanzase al mercado la primera loción bronceadora ‘Huile de Chaldee’, convirtiéndose rápidamente en el complemento ideal para coger un rápido y bonito color tostado sin esperar a que llegase el verano.