La invención se le atribuye a un dentista



Ir a una feria sin un puesto ambulante de algodón de azúcar es como ir a una librería vacía. Este rico, esponjoso, pegajoso y calórico capricho ha provocado la sonrisa en millones de niños y adultos a lo largo de los siglos. Porque no es un invento de poca vida. Para saber sobre su origen, tenemos que remontarnos a la Italia del siglo XV, donde los cocineros ya experimentaban con el caramelo en los fogones. Solían licuar este ingrediente para después poder formar hilos con un tenedero de manera decorativa en los postres. Pero esta manera de producción llevaba mucho tiempo y el producto comenzó a encarecerse.

Fue mucho más tarde cuando el algodón de azúcar nació tal y como lo conocemos hoy. Surgió en 1897 cuando el dentista William Morrison, y John C. Wharton idearon una máquina capaz de formar de manera automática finos hilos con el azúcar líquido. Con un colorante, se creaban unas hebras que, después, se enrollaban en un palo de madera. Fue presentado por primera vez en la Exposición Universal de París en 1900 bajo el nombre Fairy Floss (Seda de hadas). El invento tuvo tanto éxito, que recorrió cientos de feries mundiales durante los siguientes años y consiguió vender un buen número de máquinas. Hoy en día sigue triunfando.


esquire.es / LAURA MARTÍNEZ | 27/10/2014