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Esta castiza frase se utiliza cuando uno ve algo que le agrada muchísimo. Pero no tiene que ver con aves, sino con cerdos. La denominación popular para el bazo de este animal es la pajarilla. Y la posibilidad de animarlo viene de la antigua creencia de que las distintas zonas del cuerpo humano estaban habitadas por humores de distinto cariz. Así, el bazo se consideraba la sede de las grandes alegrías y satisfacciones.