Baterías más seguras, baratas y con una vida útil mucho más larga.

Pasamos por un momento en el que el avance de las energías limpias es necesario, podemos ser capaces de aprovechar la energía que proviene de fuentes naturales como la hidráulica, eólica o solar, entre otras, y lo cierto es que ya hay muchos países en nuestro planeta que están apostando fuerte por las energías renovables.

Ahora bien, en el almacenamiento de esa energía para su uso posterior, las baterías juegan un papel fundamental y dependiendo de la tecnología que se use en ellas su vida útil está limitada, sufriendo una alta degradación tras muchos ciclos de carga y descarga. Desde la Universidad de Harvard han creado baterías de flujo de larga duración con mantenimiento mínimo y totalmente seguras.

Baterías de flujo con mínima degradación

Las baterías de flujo (flow battery) son un tipo de baterías recargables caracterizadas porque almacenan la energía en soluciones líquidas en tanques externos. Se consideran muy prometedoras para el almacenamiento de energías renovables pero tienen el inconveniente de la degradación, que obliga a sustituir el electrolito periódicamente.

Desde la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard (SEAS), los investigadores han ideado una solución – nunca mejor dicho – para este problema de degradación a largo plazo: han modificado la estructura de las moléculas del electrolito positivo y negativo (de ferroceno y viológeno) para hacerlas solubles en agua neutra.

Con este avance, consiguieron que las soluciones de las baterías de flujo fueran estables pero lo más importante es que son mucho más resistentes a la degradación. En concreto, los investigadores aseguran que solo pierden un 1% de capacidad por cada 1.000 ciclos de carga y descarga.

Baterías seguras para almacenar energía en el hogar

Esto significa que podría pasar una década hasta que comenzasen a notarse efectos mínimos de degradación en las baterías, pudiendo mantener la energía por mucho más tiempo y postulándose como una gran forma de almacenamiento de energías renovables.

Del mismo modo, el hecho de que la disolución sea en agua neutra también aporta un punto extra para el uso de estas baterías de flujo incluso en hogares. En caso de fuga no habría problemas para la salud, la solución no es tóxica ni corrosiva, así que el coste de fabricación y de los materiales de los tanques de almacenamiento también serían inferiores.

Como casi siempre ocurre con las innovaciones en el terreno de las baterías, de momento no hay una aplicación final para el mercado de consumo, pero los investigadores de Harvard ya están trabajando con empresas y profesionales con tal de aplicar estas nuevas baterías en escenarios reales.

omicrono.com / Pedro Moya 13 febrero 2017

Baterías de flujo: décadas de uso sin degradación y mínimo mantenimiento