No hay amor más desinteresado y leal que el de un perro. Algunos expertos dicen que domesticamos a los lobos hace más de 10 mil años y así fue como evolucionaron hasta convertirse en nuestros constantes compañeros de cuatro patas.

Han estado a nuestro lado por toda la historia y los amamos por eso, pero si necesitas más pruebas que para convencerte de que los perros son los mejores amigos del hombre te contamos la historia de Guinefort, el perro santo de Francia.


Según la leyenda, que se originó antes del siglo XII, Guinefort era el galgo de un caballero que vivía en la región de Dombes, en Francia. Un día él y su esposa se fueron y dejaron a su hijo al cuidado de una sirvienta y su perro. Cuando regresaron encontraron una escena salida de una película de terror: Guinefort tenía el hocico cubierto de sangre y la cuna del bebé estaba dada vuelta.

Sin pensarlo el caballero tomó su espada, mató al perro y enseguida después escuchó los llantos de su hijo, que estaba sano y salvo. La sangre pertenecía, en realidad, a una enorme serpiente que estaba muerta al lado de la cuna del bebé. Guinefort había salvado al niño y su dueño se dio cuenta demasiado tarde, así que lo enterró en un pozo rodeado de árboles como homenaje.

Santo perro

La historia del perro que sacrificó su vida por la de un bebé se extendió tanto que Guinefort se volvió una especie de santo canino para los franceses de la Edad Media. Tanto así que las personas viajaban a la tumba del animal con sus hijos enfermos con la esperanza de que los curara.

Las madres dejaban a sus hijos toda la noche, o dejaban ofrendas en la tumba del perro y hasta le rezaban. Guinefort se había convertido en un santo atípico y lo seguiría siendo durante un siglo más, cuando un fraile llamado Stephen de Bourbon declaró que venerar a un perro era un acto de «herejía» y mandó a quemar el cuerpo del animal.

Sin embargo, eso no bastó para que los creyentes dejaran de adorar al animal. Según algunos reportes, el pozo donde solía estar la tumba de Guinefort seguía existiendo a finales de 1870 y la leyenda del perro sanador que vive en el bosque de Dombes continuó hasta bien entrados los años 60.

Por supuesto, la Iglesia Católica nunca aceptó que un animal pudiera ser un santo. Reconocer un santo es un proceso que puede tomar décadas o hasta siglos. Juana de Arco fue canonizada en 1920, casi 500 años después de su muerte. Por otra parte, la historia de Guinefort es similar a otras leyendas folclóricas de otros países, como una milenaria proveniente de India: El Brahmán y la mangosta.

Puede que Guinefort no haya sido un santo, sino solo una historia para advertirnos sobre el peligro de actuar sobre nuestros impulsos, pero nuestro amor por nuestros amigos de cuatro patas sigue sin tener límites y esta historia solo confirma lo que ya sabemos: los perros son lo mejor del mundo.

vix.com / Valentina Esponda

Conoce la historia de Guinefort, el perro santo de Francia