Esta imagen de la galaxia Messier 82 muestra los datos del observatorio espacial de rayos-X Chandra, el Telescopio Espacial Hubble y el Telescopio Espacial Spitzer. El agujero negro de masa intermedia M82 X-1 es el objeto más brillante en el centro del recuadro, situado cerca del centro de la galaxia. NASA/H. Feng

Uno de los objetos astronómicos que más ha estado presente en los guiones o en las novelas ce ciencia ficción son los agujeros negros, devoradores de materia a los que ni la luz puede escapar de ellos. Pero aunque en las películas estos objetos parecen ser escasos y podemos señalar fácilmente su existencia la realidad es bien distinta.

En el universo hay tantos que es imposible contarlos, incluso en el interior de nuestra galaxia podrían estar acechando más de 100 millones de ellos.

La gran mayoría de agujeros negros suelen ser de dos tipos, los de masa estelar, resultado del colapso del núcleo de una estrella masiva mucho más grande que nuestro Sol, y los llamados agujeros negros supermasivos, que tienen su origen en los albores de los tiempos e incluso podrían haberse formado tras los primeros cientos de millones de años de la existencia del Universo.

Los primeros, los pesos ligeros, encierran una masa de entre diez y cien veces la de nuestro Sol, pero los segundos, debido a su longevidad y las condiciones existentes en los inicios del Universo, superan con creces los varios millones de masas solares, y estos colosos parecen esconderse en el centro de cada galaxia, controlando su evolución y crecimiento durante eones.

Sin embargo, dispersos por todo el Universo a la espera de ser descubiertos, se encuentra el tipo más extraño de agujeros negros, y digo extraño por el simple hecho de que hasta ahora no hemos logrado confirmar su existencia. Si los dos tipos de agujeros negros mencionados anteriormente son pequeños o muy grandes, la lógica parece dictar que entre estas dos categorías deberíamos encontrar a los hermanos medianos de estos objetos oscuros.

Estos agujeros negros de masa intermedia deberían tener una masa de entre cien y varios miles de masas solares, pero hasta ahora ha sido tan difíciles de encontrar que incluso se llego a poner en duda su propia existencia. Poco sabemos sobre cómo se forman y algunos se preguntan si realmente se comportan como agujeros negros.

Y sin embargo, un equipo de astrónomos ha sido capaz de medir con precisión, y confirmar así la existencia, un agujero negro con una masa cercana a 428 veces la de nuestro Sol, con una incertidumbre de ± 105 masas solares, escondido en una galaxia situada a 12 millones de años luz de nosotros.

“Los astrónomos se han estado preguntando sí existen estos objetos existen o no? ¿Cuáles son sus propiedades? Hasta ahora no hemos tenido los datos para responder estas preguntas” comento Richard Mushotzky, profesor de astronomía de la Universidad de Maryland , y aunque este agujero negro de masa intermedia no es el primero descubierto, sí que es el primero que se ha podido calcular su masa con precisión, “estableciéndolo como un ejemplo convincente de esta clase de agujeros negros.”

La idea generalizada es que un agujero negro es un objeto astrofísico con tal cantidad de masa que curva en extremo la estructura del espacio-tiempo, tanto que ni la luz puede escapar del interior de este pozo gravitacional. Así que los agujeros negros, definidos por primera vez como estrellas oscuras, son objetos invisibles, ningún tipo de radiación o energía puede escapar de ellos, pero podemos encontrarlos debido a su influencia gravitacional que ejercen sobre otros objetos cercanos.

La materia que se acerca a estos objetos se acumula en un disco de escombros que poco a poco se calienta debido a la fricción con las otras partículas presentes en ese disco de acreción, esto genera emisiones de alta energía que podemos captar desde nuestros radio-observatorios y los convierten en los objetos más brillantes del Universo.

Desde la década de 1970 hemos logrado detectar unos pocos objetos que aparentaban tener las propiedades previstas para los agujeros negros de masa intermedia, pero nadie había sido capaz de medir su masa, por lo que estos quedaban relegados a simples objetos de interés sospechosos. “Por razones que son muy difíciles de entender, estos objetos se han resistido a las técnicas de medición estándar” señalo Mushotzky.

El equipo centró sus estudios en un objeto de Messier 82, una galaxia situada en la constelación de la Osa Mayor. Messier 82 la galaxia más cercana que muestra una intensa formación estelar. Desde su lanzamiento en 1999, el observatorio espacial Chandra ha detectado emisiones de rayos-X procedentes de este objeto, conocido como M82 X-1.

Los astrónomos, entre los que se encontraban los integrantes del equipo de este descubrimiento, Mushotzky, Dheeraj Pasham, autor principal del trabajo, y Tod Strohmayer del Centro de Vuelo Espacial Goddard, sospechaban desde hace una década que este objeto era un agujero negro de masa intermedia, pero las estimaciones de su masa no eran lo suficientemente definitivas como para confirmar esta sospecha.

Y aunque no proponen una explicación de cómo se formaron esta clase de agujeros negros. “Primero necesitábamos confirmar su existencia observacional. Ahora los teóricos pueden comenzar a trabajar".

El trabajo ha sido publicado en la revista Nature.

espacioprofundo.es 18/08/14