A medida que se acerca la primavera, dos constelaciones comienzan a gobernar los cielos, mirando hacia el este. Se trata de las constelaciones de Leo y Virgo y vienen a colación porque cualquier persona, dotada de unos simples prismáticos y entre ambos asterismos, se puede asomar casi al infinito.

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Leo y Virgo contiene una infinidad de galaxias dominadas por el denominado cúmulo de Virgo, un enjambre de galaxias cercano, localizado a unos 60 millones de años luz. Con cualquier ayuda óptica y mirando hacia la izquierda de la cola de Leo, es decir, ya introducidos en la constelación de Virgo, nos podemos deleitar con un sinfín de nubecillas, algunas de las cuales contienen hasta 100 billones de masas solares (100 billones de estrellas como el Sol), es el caso de la galaxia M 87, un monstruo galáctico que eyecta gran cantidad de gas y polvo a millones de años luz de distancia debido a la presencia de uno de los mayores agujeros negros que conocemos, con unos 7.000 millones de masas solares. M 87 es 1.000 veces más masiva que nuestra propia galaxia. Pero esto es solo la masa visible de la galaxia M 87, pues la materia que no vemos, la materia oscura, es 200 veces superior a la visible. Cualquier cifra que se dé de M 87 es desbordante e inimaginable.

Este monstruo galáctico domina el cúmulo de Virgo, acompañado de otras galaxias gigantes que se localizan en el mismo centro de dicho cúmulo. Estas pocas galaxias gigantes tienen tanta fuerza de atracción gravitatoria que mantienen unidas a otras 2.000 galaxias de lo más variopintas y ocupan una extensión de 7 millones de años luz en la región central del cúmulo de Virgo.

Pero además, la fuerza gravitatoria de todo el conjunto de galaxias es tan potente que el Grupo Local de galaxias, al que pertenecemos nosotros, es decir nuestra Vía Láctea junto con otras 40 galaxias más, está atrapado por el cúmulo de Virgo, de forma que nos hace girar a su alrededor e irremediablemente nos atrae hacia su centro.

No sólo nuestro Grupo Local, sino numerosos cúmulos de galaxias están siendo atraídos hacia las poderosas y gigantescas galaxias del núcleo del cúmulo de Virgo. Todos estos cúmulos más el cúmulo de Virgo conforman una macroestructura intergaláctica inimaginable, denominada el Supercúmulo de Virgo. Es así como se distribuye el Universo; en cúmulos y supercúmulos, aunque también hay hipercúmulos, es decir, supercúmulos de supercúmulos. Todo un poderío intergaláctico al que estamos sometidos. Toda esa potencia gravitatoria, la podemos ver en forma de sutiles nubecillas, que son en realidad galaxias gigantes que juegan con nosotros a su antojo. Qué remedio, es el poder de la fuerza.

Una ingente cantidad de materia y de energía fluye entre las galaxias del cúmulo de Virgo a temperaturas de millones de grados Kelvin. M 87 es una de las galaxias más destructoras del Universo. Se han podido observar numerosas galaxias que o están ya dentro de la poderosa M 87 o están siendo atraídas hasta ser devoradas. No en vano, M 87 se hace cada vez mayor a costa de sus vecinas. Estas galaxias vecinas son estiradas y retorcidas, deformadas y desmenuzadas hasta desaparecer en el interior de M 87. Su enorme agujero negro tiene suficiente materia para seguir alimentándose de las entrañas de M 87 y de sus vecinas.

Algunos científicos piensan que puede tragarse dos estrellas como el Sol por año.

Los científicos siguen estudiando en profundidad estas galaxias gigantes, en las que se producen los mayores acontecimientos que tiene lugar en el Universo, como agujeros negros supermasivos, canibalismo galáctico, eyecciones de masa y energía... y estudian cómo se pueden formar tales estructuras galácticas, es un laboratorio para el estudio de los rayos gamma, los más energéticos del espectro electromagnético. Todo un reto para la ciencia es el estudio del centro del cúmulo de Virgo.

Es muy importante a la hora de contemplar el cielo, tener referencias y saber qué estamos viendo, pues la mayoría de personas que observan el cielo lo hacen con unos prismáticos o pequeños telescopios y estas galaxias aparecen como vaporosas nubecillas. Si no sabemos todo esto sobre ellas, no entenderemos lo que vemos y nos aburriremos de ver tantas nubes, pero cada una de ellas encierra sus misterios. Son diferentes y tienen historias complejas y muchos enigmas por descifrar.

La zona de Virgo y Leo es la mejor que podemos ver en estas noches próximas a la primavera, aunque durante esta estación se alzan en el cielo para deleitarnos con los objetos que encierran, que se cuentan por docenas o por cientos. Una noche sin Luna y lejos de las grandes ciudades para evitar la contaminación lumínica, es el mejor consejo para ver estas macroestructuras galácticas.

La fotografía astronómica es lo mejor para ver detalles en estas gigantescas galaxias. Hacia el centro del cúmulo de Virgo, dominan las galaxias redondas, las denominadas elípticas; hacia la periferia, se concentran las galaxias espirales, como la nuestra.

Si por un casual poseen un telescopio, les recomiendo una hermosa visión de una estrella doble que se ve como una sola a simple vista con la magnitud visual 2,21, preciosa, se llama Algieba o gamma de Leo. El nombre de Algieba procede del árabe Al jeb-bah y significa “la frente”. Precisamente de ahí procede la famosa lluvia de estrellas fugaces de las Leónidas. Son dos estrellas amarillas, color oro, ambas gigantes, la más brillante de ellas tiene un radio 29 veces el solar, mientras que su compañera 12 veces. Dan una vuelta sobre el centro de gravedad de ambas cada 410 años. Están separadas por 5” de arco, por ello necesitamos un telescopio para separarlas. Sus magnitudes visuales son de 2,28 y de 3,47.La estrella más brillante tiene un planeta extrasolar de 8 veces la masa de Júpiter.


Abc.es 27/02/14 (Miguel Gilarte Fernández, director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y presidente de la Asociación Astronómica de España.)