La I Guerra Mundial trajo consigo muchos cambios, entre ellos el uso obligatorio del pasaporte. Sin embargo, antes del conflicto bélico, algunas personas en circunstancias particulares disfrutaban de cartas de solicitud o salvoconductos que permitían transitar libremente entre regiones.

Durante el reinado de Luis XIV de Francia se hicieron populares los passe port, y casi todas las regiones europeas siguieron los pasos del país. Pero, con el auge de los viajes en ferrocarril en el siglo XIX se produjo un colapso en el sistema europeo de pasaportes y visados, por lo que Francia decidió abolirlos en 1861. Así, en 1914 el sistema de pasaportes desapareció casi por completo en el Viejo Continente.

No obstante, durante la I Guerra Mundial, los gobiernos dieron más importancia a la seguridad que a la facilidad para viajar, por lo que impusieron nuevos y estrictos controles. Dos años después de que terminase el conflicto bélico, la Sociedad de Naciones convocó una conferencia internacional sobre pasaportes, formalidades aduaneras y billetes directos que dio lugar a los actuales pasaportes.

Allí se estableció que estos documentos tenían que tener un tamaño de 15,5 por 10,5 centímetros, contener un total de 32 páginas, estar encuadernados en cartón y llevar una foto de la persona. Desde aquel momento el formato ha cambiado asombrosamente poco.

forbes.es / Roro Aparicio, 14 enero 2019

¿Cómo nacieron los pasaportes?