Las anguilas eléctricas no son animales muy comunes ni tampoco muy populares, y si a esto le agregas las descargas eléctricas, parecen aún más temibles. Pero por otro lado, es curioso como un animal puede generar estas descargas y aun más curioso cómo su organismo las soporta sin problemas.

Todo se lo deben a su sistema nervioso, y en especial a una serie de células que producen electricidad alojadas en un órgano eléctrico. El sistema nervioso lanza una orden para que este órgano se ponga en funcionamiento y un grupo de nervios se aseguran que las células se activen al mismo tiempo.



Las células de la electricidad

Cada una de estas células tiene una carga negativa de poco menos de 100 milivoltios en su exterior. La señal enviada por el sistema nervioso libera acetilcolina, un neurotransmisor. La célula es como una batería, donde hay una parte con carga negativa, y otra con carga positiva, y cada célula está unida a las demás una al lado de la otra, generando que la corriente fluya por el cuerpo de la anguila. Al estar en el agua, esto fomenta el voltaje haciéndolo más alto, aunque este líquido es un conductor pobre, solamente ayudado por la presencia de sal y otros minerales.

Como otros animales, la electricidad es más que nada usada para crear campos de electricidad, y sentir a las presas cuando los distorsionan. Si alguien se mete en su camino, la anguila se dará cuenta porque algo no estará bien con la energía eléctrica del ambiente generada por ella misma.

¿Cómo no se electrocutan a sí mismas?

Aunque no hay una respuesta clara a esta pregunta, es posible que sea porque para causar daño la corriente debe pasar con determinada intensidad y duración por una parte del cuerpo. La anguila, con un tamaño parecido al de un brazo humano, precisa que la corriente pase por 50 segundos para dañarse. En este caso, la corriente tiene menos intensidad y tiempo, pasando solamente 2 segundos.

Mucha de la electricidad se disipa en el agua a través de la piel y se reduce con el sistema nervioso central y el corazón. Aunque la electricidad que llega a sus presas es una pequeña parte de lo que producen, es más fuerte que la que ella recibe en su propio cuerpo. Esto indica también que probablemente una parte de la energía efectivamente las golpea con fuerza, debido a los movimientos que podemos ver que realiza cuando genera una descarga. Sin embargo, está adaptada al dolor, y ya no sufre demasiado al respecto.


ojocientífico.com 27/06/14