Enrique de Borbón, fue rey de Navarra como Enrique III entre 1572 y 1610, y rey de Francia como Enrique IV entre 1589 y 1610, primer monarca francés de la casa de Borbón, y, por el apelativo que le pusieron sus compatriotas, le Bon Roi (el Buen Rey), se le considera uno de los mejores reyes de su historia. Además de poner fin a los terribles conflictos religiosos que asolaron Francia durante el siglo XVI, tras decretar la tolerancia religiosa (Edicto de Nantes de 1598) e implantar una política de reconciliación basada en la renuncia a toda revancha o depuración, también se preocupó por el bienestar de sus súbditos. Se dice que uno de los lemas de su reinado fue…

Un pollo en las ollas de todos los campesinos, todos los domingos.


Reconstrucción de la cabeza de Enrique IV

Pero como no siempre llueve a gusto de todos, supongo que las dos esposas que tuvo (Margarita de Valois y María de Médicis) algún reproche tendrían que hacerle por la cantidad de alcobas que frecuentó distintas a la que debía. Su confesor, harto de tantas infidelidades, le comentó preocupado que, aparte de redimir sus pecados tras la confesión, también era necesario el propósito de enmienda y le amenazó con no volverle a dar la absolución si no cambiaba su actitud. Enrique IV, aplicando el dicho que más sabe el diablo por viejo que por diablo, quiso darle una lección a su confesor.

Desde aquel mismo día, y como muestra de arrepentimiento, le pidió al clérigo que le acompañase a la mesa todos los días para servirle como guía con sus consejos para mantener el pajarito dentro de la jaula. Asimismo, dio orden a las cocinas de que, independientemente de la comida que se sirviese cada día, al clérigo siempre le sirviesen perdiz. Durante muchos días compartieron mesa, que no comida, y debatieron largo y tendido de múltiples temas hasta que un día, harto de comer siempre lo mismo, el clérigo se quejó al monarca:

Me honráis todos los días al invitarme a vuestra mesa, pero todos los días perdiz…

El rey, con una sonrisa en la boca, le contestó:

Pues así me siento yo con la reina.

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 10/10/2019

¿Cómo justificó el primer borbón francés sus frecuentes visitas a camas ajenas?