Por raro que parezca, sí, hubo un tiempo en que no contamos con este electrodoméstico que tan fácil y cómodo nos hace la vida a diario y, sobre todo, nos resuelve el problema de poder comer el viernes lo que preparamos el lunes a última hora. Ahora los encontramos de cualquier tamaño, precio, características y funciones pero, ¿cómo funcionaba esto de enfriar hace unos cuantos años?

Si tuviéramos que situar el año concreto de la invención del frigorífico como un frigorífico propiamente dicho, arderíamos en quebraderos de cabeza porque, aunque usemos similares nombres para referirnos al mismo electrodoméstico, lo cierto es que no todos son iguales ni todos nacieron a la vez.

Charles Tellier puede atribuirse el honor de haber creado el primer barco frigorífico en 1874, pero si hablamos de refrigerador como aparato fabricado para enfriar cosas, tenemos que remontarnos a 1850 con Alexander Catlin y James Harrison.

¿Y cómo eran aquellos pioneros frigoríficos? De madera y forrados de aislante de corcho o pizarra para mantener el frío en su interior. Se cargaban con hielo y se ponían los alimentos encima, dedicando el resto del tiempo a rezar para que no enfriara demasiado ni se quedara a medio camino del “templado”,

Así enfriaban nuestros antepasados las comidas y bebidas que preparaban, sin olvidarnos del cotidiano hábito de ir a los ríos, charcas o bañeras para sumergir los alimentos, sobre todo la fruta, bajo el agua, atando los enseres con una cuarda para después tirar de ella y recuperar los víveres. Todo un auténtico trabajo de campo.

¿Y cuándo ni siquiera Harrison y Catlin dieron a conocer su descubrimiento? Aprovechando las pequeñas dependencias del hogar más frescas, las llamadas fresqueras, destinadas a mantener los alimentos fríos. Tenían forma de ventana sin cristales pero con dos puertas construidas cerca del suelo y con barro u hormigón.


tapasmagazine.es / Cristina Romero

¿Cómo enfriábamos antes de tener frigoríficos?