Todos los seres vivos de la Tierra compartimos el mismo aire. Por eso lo que empieza en un lado del planeta puede acabar fácilmente en el otro y ayudarle.

Sabemos esto gracias al estudio de los vientos que nos permiten ver, por ejemplo, cómo la contaminación en los lugares más concurridos del planeta se extiende al resto en poco tiempo. Es una visión que puede llegar a ser hipnótica cuando la vemos por infrarrojos. Ahora la NASA ha publicado una nueva visualización de estos vientos, pero centrándose en un lugar en concreto: el desierto del Sáhara.

Así viaja el polvo del Sáhara
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Aunque no lo parezca, el polvo del Sáhara es vital para las plantas de la selva amazónica, dos zonas completamente contrarias, una un desierto y la otra una selva tropical. Todo gracias a que los vientos atrapan el polvo del desierto y lo llevan a la zona de Sudamérica.

En este polvo hay trazas de fósforo, sobre todo cuando los vientos provienen de la zona de la Depresión de Bodele en Chad (en la imagen, donde se ven tormentas de arena). En su momento este era un gran lago lleno de vida, pero ahora está lleno de los restos de microorganismos, que se han convertido en nutrientes para plantas.

Estos nutrientes viajan 2.500 kilómetros a través del Océano Atlántico hasta el Amazonas donde ayudan al crecimiento de la flora; gracias a esta investigación pionera la NASA estima que cada año viajan 22,000 toneladas de fósforo de esta manera, manteniendo el equilibrio que de otra manera se perdería por culpa de las lluvias e inundaciones. En total son transportadas 182 millones de toneladas de polvo. Así, el Amazonas no sería lo que es sin la ayuda del Sáhara.


omicrono.com / 26 febrero, 2015 — Adrian Raya

Cómo el polvo del Sáhara da vida al Amazonas