Una de las cosas que más nos llaman la atención cuando vemos imágenes en la televisión de los viajes y maniobras espaciales es la de los cosmonautas haciendo piruetas e interactuando con objetos que flotan a su alrededor a la vez que lo hacen ellos mismos, lo cual sin lugar a dudas aparenta ser muy divertido. Pero, ¿te has preguntado alguna vez si la ingravidez puede afectar al organismo y, si es así, de qué manera lo hace? Pues las respuestas a estas preguntas te las ofrecemos en este artículo.


La medicina espacial

La medicina espacial es la rama de la medicina que se especializa en el estudio de los efectos que pueden ocasionar las expediciones tripuladas al espacio exterior. Así, estos científicos han estudiado seriamente los posibles efectos de las radiaciones a que pueden verse sometidos los cosmonautas, lo que ha contribuido decisivamente al diseño de los trajes especiales de los astronautas.

Otro punto importante han sido las investigaciones acerca de las consecuencias de la falta de gravedad sobre el organismo humano, el cual ha evolucionado sometido a la omnipresente gravedad terrestre, y al que sin dudas la exposición a este medio extraño provocaría efectos indeseados que deben ser obviamente minimizados, para evitar poner en peligro la vida de los preciados cosmonautas.

Por ello, antes de emprender las misiones, los hombres y mujeres se someten a un largo tratamiento en cámaras antigravedad que van aclimatando el cuerpo poco a poco a las condiciones de ingravidez.

Consecuencias de la falta de gravedad sobre el cuerpo

La ingravidez provoca que los líquidos, que componen el mayor porcentaje de nuestro cuerpo se distribuyan por todo el organismo de una manera totalmente diferente a lo que sería natural en presencia de la gravedad. En esta última condición y debido a su efecto, los líquidos corporales tienden a ir hacia abajo, en dirección a las piernas, y el organismo ha evolucionado como tal para contrarrestar este efecto y lograr que la sangre, por ejemplo, circule en sentido antigravedad y pueda llegar al cerebro, en lo más alto del cuerpo. En la ingravidez, los líquidos se reparten de forma similar entre la parte inferior y superior del cuerpo, lo cual tiene sus consecuencias fisiológicas.

Uno de los efectos más peligrosos ocurre sobre los pulmones, los cuales pueden llenarse de líquido disminuyendo sensiblemente su función y pudiendo provocar la asfixia. La ingravidez puede provocar también la deshidratación del cuerpo al inhibir la sensación de sed del astronauta, por lo que este no tomaría agua si no tuviera consigo un plan estricto que indica que lo debe hacer cada cierto tiempo. También se ralentizan los movimientos intestinales y disminuye sensiblemente la frecuencia de la defecación.

Otra sensible consecuencia es el incremento del tamaño del corazón debido al aumento del volumen sanguíneo en cada latido, incrementando de esta manera la presión cardíaca que conlleva a una hipertrofia de los músculos de este órgano. Por suerte este efecto no es ilimitado, es decir, el corazón no crece y crece imparablemente, sino que pasado un tiempo se estabiliza en un tamaño máximo.

La ingravidez puede provocar a su vez aumento en la presión ocular, cambios en la sensibilidad olfativa y el tono de voz, pérdida del gusto y de la precisión al intentar coger objetos pequeños, así como sensación de mareo y confusión. Por otro lado, en las misiones espaciales de larga duración puede experimentarse además una pérdida de masa ósea y muscular debido a la falta de uso de los mismos.
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Si a todo esto le sumamos los posibles efectos psicológicos como la sensación de soledad, aislamiento, lejanía de los seres queridos, euforia, entre otros, comprenderemos sin dudas y valoraremos muchísimo más el arriesgado trabajo de los astronautas que ahora mismo nos observan desde allá arriba.

Ojocientífico.com 28/11/13