La vida es, en cierto modo, un caos, pero la vida además ha de consumir los materiales que se encuentran en su entorno y quiere prosperar, pero este consumo tiende a generar unos desperdicios. Así que, para encontrar a los hipotéticos alienígena, ¿por qué no tratamos de encontrar sus residuos contaminantes?


La luz de una enana blanca que atraviesa la atmosfera de un planeta podría mostrarnos los contaminantes resultantes de una civilización alienígena avanzada. David A. Aguilar.

Como parte de su misión, el futuro telescopio espacial James Webb (JWST) podría detectar la luz de las estrellas que atraviesa la atmósfera de los planetas, algunos quizás sean mundos habitados, y el espectro de esta luz estelar podría indicarnos la presencia de vida en su superficie.

La mayoría de los planes propuestos para lograr este fin incluyen descubrir una serie de gases muy reactivos y de corta vida, como el oxígeno, que por lo general necesitan una fuente que los reponga en la atmosfera, y esas fuentes suenen ser seres vivos. Sin embargo, estos métodos podrían mostrarnos la presencia de formas de vida relativamente simples, microorganismos capaces de realizar los procesos fotosintéticos que liberan el oxigeno en la atmósfera, lo malo es que nosotros no buscamos eso, bueno si, pero en realidad lo que deseamos encontrar es a nuestros primos alienígenas, una civilización tecnológica real capaz de alterar su entorno de forma global de la misma forma que nosotros hemos hecho ya.

Henry Lin de la Universidad de Harvard cree que podríamos encontrar estas civilizaciones avanzadas si nos fijamos en los efectos de la contaminación industrial. Su equipo calcula que el JWST debe ser capaz de detectar dos tipos de clorofluorocarbonos (CFC), gases complejos con base de carbono utilizados en disolventes y aerosoles.

“Su producción requiere una red de reacciones químicas que sólo se producen de forma artificial en la Tierra”, Avi Loeb del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica y miembro del equipo de Lin.

El equipo calculó que tan solo necesitarían unos días de observación con él JWST para detectar altos niveles de CFC en un planeta similar a la Tierra que se encuentre en la órbita de una enana blanca. Y aunque estas estrellas en realidad son los cadáveres de soles similares al nuestro, también hemos encontrado junto a ellas algunos pequeños planetas, y un trabajo previo ya sugirió que estos mundos pueden tener las condiciones adecuadas para albergar vida.

Pero lo malo es que este trabajo señala que el JWST sólo sería capaz de mostrarnos los CFC en atmósferas muy contaminadas, aunque esta contaminación todavía estaría dentro de los niveles soportables por los seres humanos. También señalan que incluso existiría la posibilidad de toparnos con los restos de una civilización ahora desaparecida ya que en realidad algunas moléculas de CFC pueden sobreviven hasta 100.000 años.

“A menudo se refieren a los alienígenas como pequeñas criaturas verdes, pero ‘verde’ también significa un ‘medio ambiente’”, comento Loeb. “Esta última definición implica que las civilizaciones detectables ricas en CFC no serían ‘ecológicas’.”

Y es que en realidad, en la Tierra, los CFC son los responsables de la desaparición de la capa de ozono protectora que impide que los rayos ultravioleta del Sol alcancen la superficie, alterando la estructura del ADN de los seres vivos y provocando la aparición de tumores cancerígenos.

Aun así, hay que recordar que la habitabilidad de las orbitas de estas estrellas todavía es algo muy cuestionado. Una enana blanca es el resultado de la desaparición de una estrella similar a nuestro Sol que anteriormente se convirtió en una gigante roja, fase durante la cual habrían quedado destruidos todos los planetas presentes en su antigua zona habitable.

Una civilización presente junto a una de estas estrellas habría tenido serios problemas para prosperar, la fase de gigante roja habría creado un entorno de alta radiación que habría bañado todo su sistema planetario esterilizando la superficie de los planetas rocosos. La vida compleja en un planeta que se encuentre junto a una enana blanca tendría que haber surgido cuando esta radiación hubiese desaparecido… salvo que la hipotética civilización hubiese emigrado a otras regiones del espacio para, posteriormente, volver al hogar.

Parece que tan solo podremos ser capaces de detectar un mundo habitado cuando poseamos instrumentos mucho más potentes que el futuro James Webb.


espacioprofundo.es 28/06/14