Un estudio reciente sugiere que limitar el consumo de leche nos ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares e, incluso, el riesgo de padecer cáncer.

La leche es beneficiosa para la salud. Esta premisa es un mantra que hemos aprendido todos desde pequeños y que nos hace incluirla de forma diaria en nuestra dieta. Los expertos en nutrición nos han convencido de que es la mejor forma de prevenir la osteoporosis y hacer que nuestros huesos sean más fuertes. Un estudio reciente de la City University of New York School of Public Health and Hunter Collegue sugiere poner límite a su consumo.

El estudio se ha realizado sobre más de 61.000 mujeres y cerca de 45.000 hombres, todos ellos con una edad aproximada de 39 años, en Suecia. Durante varios años, los pacientes han tenido que rellenar cuestionarios acerca de sus hábitos alimenticios a diario.

Los resultados han sido los siguientes: las mujeres que bebían, al menos, tres vasos de lecha al día, duplicaban el riesgo de muerte y enfermedades cardiovasculares. Un 44% además, incrementaban el riesgo de padecer cáncer y la fragilidad de sus huesos, por ejemplo, con una posibilidad más alta de romperse la cadera. En el caso de los hombres, los resultados no han sido tan concluyentes.

Los investigadores suponen, que no confirman, que el incremento de estos riesgos en las mujeres se debe más a los altos niveles de azúcar que contenían los tipos de leche elegida, tanto de lactosa como de galactosa. Son dos elementos que sí inducen a un incremento de la oxidación por estrés de las células y su consiguiente inflamación. Es más, las mujeres que cambiaban la leche por otros productos lácteos, como el queso o el yogur (que tienen un índice más bajo de azúcares), disminuían también los riesgos mencionados.

Así pues, estos mismos expertos afirman en el estudio que las mujeres entre los 19 y los 50 años necesitan, eso sí, un gramo de este mineral al día. Pero aconsejan que lo obtengamos de las diferentes fuentes que tenemos a nuestra disposición, como pueden ser el pescado (sardinas o salmón), las nueces o almendras y, por ejemplo, las verduras de hoja verde, tanto frescas como cocinadas. En la variedad está la clave.

harpersbazaar.es 14/12/14