"La gente se reconoce en sus mercancías; encuentra su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad,
su casa, su equipo de cocina", dice Herbert Marcuse en El hombre unidimensional, un apunte
importante para entender lo que sucedió en la proyección de Batman:
El Caballero de la Noche Asciende en Colorado, Estados Unidos.

El asesinato de 12 personas en la proyección del final de la trilogía de Christopher Nolan
(El Caballero de la Noche Asciende) dan una idea de que la realidad es terriblemente peor que la ficción,
la realidad real es peligrosa, no procura la seguridad de la virtualidad de una pantalla, como la del cine,
computadora o teléfono inteligente.

Este hecho tuvo que ocurrir, justamente, con el súperheroe más oscuro de todos los que hay:
"Batman", aquel que vive atormentado por sus deseos de cambiar de identidad, de disfrazarse,
de huir de sí mismo, renunciar y evadir su gran responsabilidad como protector de Ciudad Gótica.

El asunto de El Caballero de la Noche Asciende caló en Hollywood y el mundo, todos imaginan y hacen
propio el terror, se reconocen en aquel atentado, descubren la emoción y el horror de la ficción
saliendo de la pantalla, existe un terrible encuentro entre ambos planos; las noticias sobre el asesino,
los heridos y familiares de víctimas sirven de aderezo para mostrarnos que la realidad es peor que lo imaginado.

Dice Margarita Riviére, autora de Crónicas virtuales, que lo virtual es artificio y lo real es espontáneo,
lo virtual es el disfraz, lo real es la duda. En el cine el terror se acota a las aristas de la pantalla, lo que vivimos es infinitamente más cruel.

Una cosa muy distinta, es capítulo que transcurre en esta historia, es cómo explotan los medios
de comunicación y las corporaciones, siempre con un afán económico y de control,
estos actos sicópatas para aterrorizar y manipular: la muestra, Batman debutó número uno en su primer
fin de semana en Estados Unidos, aunque debajo de lo esperado.

Parece que la sociedad de consumo encontró una brecha entre lo virtual (cinematográfico)
y la realidad cotidiana, un cruce esquizofrénico, con un pie en ambos lados, que obliga a entender
de otra forma los tiempos que corren: al salir de la función, incluso en ella, Batman,
El Caballero de la Noche no está, desapareció, claudicó. Estamos solos frente a los complots, la manipulación y los cambios.

Hayamos nuestro alivio / desamparo en los terrenos de la imaginación. Batman ya no está para protegernos.