Un verano de seis meses, el sueño dorado para los estudiantes y una pesadilla para los padres, bien podría haber sido la propuesta de algún partido político en su afán desesperado por ganar votos entre los estudiantes en época de elecciones, bien de algún gobierno nórdico experimentado nuevas fórmulas educativas; pues ni lo uno ni lo otro, esta medida fue tomada por el Ministerio de Educación y Ciencia para el curso académico 1973-1974. En junio de 1973, cuando Franco nombró presidente del Gobierno de España a Carrero Blanco, se produjo la lógica reestructuración de los ministerios y, para asombro de muchos, se nombró ministro de Educación y Ciencia al granadino Julio Rodríguez Martínez. A pesar de su extenso currículum -Doctor en Ciencias Químicas y en Farmacia, catedrático de Cristalografía y Mineralogía y rector de la Universidad Autónoma de Madrid-, su escaso bagaje político y su juventud, apenas 45 años, hicieron que se cuestionase desde el primer día aquel nombramiento decidido, unilateralmente, por Carrero Blanco.


Julio Rodríguez Martínez

Nombrado recién terminado el curso académico 1972-1973, el nuevo ministro debía ponerse manos a la obra rápidamente para elaborar y promulgar sus reformas educativas. Su experiencia como docente y rector lo hacían un perfecto conocedor de las carencias en el mundo universitario, y en este campo es donde Carrero Blanco pensó que se haría notar la mano de Julio Rodríguez Martínez. Y vaya si lo hizo… sobre todo para los 100.000 alumnos que habían terminado el bachillerato e iban a empezar la facultad en 1973. En el BOE del 29 de septiembre de 1973 se publicó esta Orden del Ministerio de Educación y Ciencia…

Con el fin de proporcionar más y mejor educación universitaria, ha de constituirse un sistema educativo que desarrolle al máximo la capacidad de todos y cada uno de los alumnos, mediante la racionalización de algunos aspectos del proceso educativo, aunque para lograrlo deban someterse a revisión algunos esquemas tradicionales.

Fiel a esta idea, se adopta en la presente Orden la medida de política educativa consistente en modificar, con carácter experimental, el tradicional calendario universitario adecuando el año académico al natural, con el convencimiento de que con ello se contribuye a hacer realidad la parte esencial y más noble de la reforma educativa: La calidad de la enseñanza.[…]

En el orden sociológico, dado el derecho de todo ciudadano de un tiempo dedicado al descanso, el sistema que establece permite que todos los alumnos puedan tener su periodo de vacaciones veraniegas obviando los inconvenientes, en este aspecto, de la estructura actual del curso académico, que motiva que los alumnos menos dotados o en los que confluyan circunstancias de la más variada índole no tengan realmente vacaciones, porque cumplido el actual periodo lectivo deben proseguir su preparación para los exámenes de septiembre.

En el orden financiero, es conveniente la idea de hacer coincidir la vigencia del presupuesto de la Universidad con la actividad del curso académico, ya que discrepancia actual es causa de diferentes problemas. […]




Con aquella Orden se equiparaba el año académico con el natural, comenzando el curso después de la fiesta de Reyes y terminando antes de la Navidad (doscientos veinte días lectivos), y se implantaría progresivamente comenzando por primero de carrera. Por tanto, esos 100.000 estudiantes que iban a comenzar la universidad tendrían 6 meses de vacaciones, y desde aquel momento todos los estudiantes al terminar el bachillerato. Aquel modelo tan “original y liberal” no fue del agrado de casi nadie y únicamente se pudo implantar en 1973… el atentado perpetrado por ETA el 20 de diciembre de 1973 mató a Carrero Blanco y se llevó por delante la carrera ministerial de Julio Rodríguez Martínez y su reforma educativa. La Orden Ministerial fue derogada a los pocos meses por un Decreto Ministerial de su sucesor en el cargo, Cruz Martínez Esteruelas, volviendo todas las facultades universitarias españolas a recuperar el calendario ordinario.

¿Qué buscaba el ministro con aquel cambio? El propio ministro lo explicó en una entrevista al diario ABC tras su cese…

Yo pienso que la única forma de erradicar la subversión de la Universidad es reforzar la autoridad académica. La modificación del calendario se hizo a modo experimental, entre otras razones porque había que impedir que en octubre entraran cien mil nuevos alumnos en las aulas, cifra para la que la Universidad no estaba capacitada. Otra razón era la de adecuar el año académico al año económico y tender a un veraneo sin suspensos. Pero sucede que, aunque nos consideremos muy aperturistas y europeos, cuando intentamos introducir, aunque sea a modo experimental, una modificación en las costumbres, nos rasgamos las vestiduras.

De su explicación, yo me quedaría con una frase que, a mi entender, nos pone en la pista de la realidad: “entre otras razones porque había que impedir que en octubre entraran cien mil nuevos alumnos en las aulas, cifra para la que la Universidad no estaba capacitada“. Cuando habla de “capacitada” se refiere a la capacidad financiera (nóminas, pagos de servicios…) para comenzar el nuevo curso. Si a los universitarios, uno de los grupos más subversivos contra el Régimen -¡incluso protestaron por el verano de seis meses!-, añadimos los docentes y los trabajadores de la Universidad que no cobran sus nóminas, se habría encendido una mecha difícil de apagar. Con su medida, el nuevo curso comenzaría con los nuevos presupuestos aprobados y con capacidad financiera. Y este fue el único verano que tuvo seis meses para los estudiantes.

Fuentes e imágenes: El ministro, IES o no IES

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 20/10/15

Aquel verano que, por ley, duró seis meses para los estudiantes