20minutos.es 18/08/13

Portugal ha recordado estos días la batalla de Aljubarrota, una de las mayores gestas nacionales de toda su historia, considerada en el país como la victoria que acabó por consagrar su independencia de España.

El a priori improbable triunfo de las tropas lusas en 1385, muy inferiores en número a sus rivales castellanos, es estudiado durante la educación básica y forma parte de la cultura y el imaginario popular, lo que contrasta con el escaso conocimiento sobre lo ocurrido al otro lado de la frontera.

Durante este mes de agosto se celebraron varios actos para rememorar la batalla, entre ellos una recreación de los hechos en la que participaron cerca de dos mil jóvenes "scout" y una misa campal que sirvió de homenaje a quienes tomaron parte en la contienda.

"El resultado de la contienda confirmó la existencia de Portugal como nación", aseguró en declaraciones recientes su director, Joao Mareco, quien subraya que la victoria lusa tuvo consecuencias fundamentales en el posterior desarrollo de la historia mundial.

"La batalla fue la primera piedra de la pacificación de la Península Ibérica, lo que acabó por permitir que los dos reinos compitieran en expansión y hegemonía", conquistando otros territorios más allá de sus fronteras, según Mareco.

En la localidad de Sao Jorge, a 120 kilómetros al norte de Lisboa, la Fundación cuenta con un centro de interpretación que también funciona como museo, alberga centenares de documentos sobre el combate y ha recibido la visita de decenas de miles de personas desde su apertura.

Cerca de allí se encuentra el convento de Santa Maria da Vitória, más conocido por el nombre de Monasterio de la Batalha, un complejo que se comprometió a construir el autoproclamado rey portugués Joao I en el remoto caso de lograr un triunfo ante las fuerzas enviadas por su homónimo, el rey Juan I de Castilla.

Portugal era un país independiente desde el año 1143, pero la muerte del monarca luso Fernando, sin hijos, en 1383 derivó en la entrega de la Corona lusa a los descendientes de Juan I, tal y como figuraba en el Tratado de Salvaterra.

La reacción no se hizo esperar y a los tumultos populares pronto se le sumaron una parte de la nobleza, dispuesta a sublevarse. Elegido Joao I como rey, surgió otro elemento fundamental en su triunfo posterior: Nuno Alvares Pereira, el general luso que lideró su ejército y que hoy ostenta la categoría de héroe nacional en el país.

El relato de los hechos en Portugal presenta cierto halo de leyenda. Los historiadores lusos cifran entre 30.000 y 40.000 el número de soldados desplazados por Castilla, apoyados por tropas francesas, frente a los menos de diez mil hombres que reunían los portugueses, que contaron, eso sí, con la ayuda de arqueros ingleses.

En vez de esperar su llegada en Lisboa, las tropas lusas salieron al encuentro de sus adversarios. Escogieron un cerro flanqueado por dos pequeños ríos para mantener una posición ventajosa respecto a su rival y minimizar la diferencia de efectivos.

El 14 de agosto de 1385, una nube de flechas que oscureció el cielo, según cuentan algunas de las crónicas de ese día, sumado a los obstáculos colocados en el terreno para dificultar el paso de la caballería, derribaron sorprendentemente a las fuerzas castellanas en menos de una hora.

En el terreno de batalla se encontraron 10.000 restos de huesos humanos, según la información que maneja la Fundación de la Batalla de Aljubarrota, que calcula en cerca de cinco mil los muertos en combate.

El sino del enfrentamiento entre Portugal y Castilla ya estaba decidido entonces, aunque no fue hasta 1411 que se firmó la paz entre ambos pueblos.

España sólo logró su objetivo de anexionar Portugal un siglo más tarde, en 1580, de la mano de Felipe II, aunque la experiencia apenas duró 60 años, hasta que el duque de Braganza recuperó el trono y consiguió así su independencia definitiva.