Ya en la Edad Media adoraban una mesa que tuviera la alcachofa como plato principal y su fama fue tan buena que Enrique VI, primero, y Catalina de Médici, después, se convirtieron en fervientes consumidores de esta hortaliza.

Puede que no sea la comida más atractiva a la vista, pero sí lo es en cuanto a la salud. Sus beneficios son tan válidos para el cuerpo que un organismo funcionará mejor si contamos con ella en la mesa.

La alcachofa aporta muchos antioxidantes, minerales y vitaminas para un correcto funcionamiento orgánico. Además, contribuye a la reducción del colesterol malo y ayuda a la generación de bueno.

Combate un sinfín de enfermedades como los cálculos, el reúma, la anemia, la gota y otras anomalías digestivas que generen dolor abdominal.

Regula y estabiliza el cuerpo cuando surgen fases de vómitos y nauseas.

Precisamente, entre los múltiples minerales que aporta, podemos encontrar: calcio, fósforo, hierro, potasio, magnesio y sodio. También vitamina A y las del complejo B.

Y, por supuesto, es buena compañera de dietas por la saciedad que produce al tener un contenido alto en agua.


esquire.es / CRISTINA ROMERO | 21/4/2015

Alcachofas, una hortaliza de griegos y romanos