Patrón de Pamplona y Navarra.



Se da como probable que la vida de San Fermín discurrió a caballo entre los S.III-IV d. C.

Por aquel entonces la actual Pamplona era la Pompeiopolis romana, ciudad de la Hispania Tarraconense y capital de la región de los vascones. A ella llega Honesto, un sacerdote cristiano nacido en Nimes, bautizado y consagrado en Toulouse por el Obispo y futuro Santo Saturnino. Predicando el Evangelio con notable vehemencia lograría en poco tiempo bautizar a un buen número de pamploneses, entre ellos a tres senadores romanos: Firmo, Fortuna y Faustino.

Hijo de Firmo era Firminus, el Fermín que más tarde alcanzaría la santidad. Y fue tal se convirtió al cristianismo a través del bautismo, sino que incluso se hace sacerdote y más tarde obispo de Toulouse, diócesis. Recibiría el obispado de manos de un paisano suyo, San Honorato, pues entonces San Saturnino, conocido como san Cernín, quedarían perpetuados, tanto en la Toulouse occitana, como en la Pamplona navarra, con sendas iglesias levantadas a su advocación. Honorato, aunque nacido en la Tarragona romana, se había convertido al cristianismo años antes en Pamplona, recibiendo las aguas del bautismo del propio Saturnino, y a su muerte, Fermín le sucedería como segundo obispo de Toulouse.

Ya obispo, a su vez Fermín volvería a su Pamplona natal, donde fundaría un obispado, de cuyo gobierno se encargaría él personalmente. Pero a los tres años el joven obispo siente la necesidad de predicar el cristianismo por otras latitudes, lo que le obliga a abandonar de nuevo Pamplona. En esta ocasión sus pasos le obliga a abandonar de nuevo Pamplona. En esta ocasión sus pasos le encaminan hacia la Aquitania gala, para después continuar su apostolado por la Alvernia y la Picardía, siempre rodeado de recelo y persecuciones.

En la ciudad gala de Amiens fue obispo. En esos días, como colonia romana que era, la capital actual de la Picardía tenía por nombre Samorabriva Ambiani. Las predicaciones de Fermín no podían eran vistas con buenos ojos pro las autoridades que reprensaban al imperio de Roma. Fue por eso que e le mando detener, ya que el Obispo navarro se entregaría voluntariamente. Y esa misma noche sería degollado, agolpe de espada, mientras dormía. Según la liturgia cristiana, el matrimonio sucedía un 25 de septiembre.

El cadáver de Fermín sería recogido secretamente esa misma noche por el noble Faustiniano, y enterrado en olor de Santidad, en el cementerio de Abladana. Sus restos se conserva actualmente en la catedral gótica de Amiens, celebrando la ciudad fiestas patronales en honor a San Fermín. En Pamplona las primeras fiestas de San Fermín que se recuerdan son las de 1186, promovidas por el Obispo Pedro de Artajona, quien trajo una reliquia de Santo, hueso de cráneo, que se conserva en la catedral pamplonesa.

La fecha de 7 de julio

Durante algunos siglos las fiestas de San Fermín las celebró Pamplona el 10 de octubre; pero al no haber tonos en esta época del año; las fiestas quedaban deslucidas tanto por la falta de animales como por las inclemencias atmosféricas. El lucimiento, colorido y los toros tienen lugar por Santiago, en julio, coincidiendo con las ferias de ganado que desde 1324, y se venían celebrando desde San Juan.



Será en 1591 cuando Pamplona celebra sus fiestas patronales en la fecha de 7 de julio. El cambio surgió por la propuesta formulada por el obispo Bernardo de Rojas y Sandoval. Se pensó que la fiesta ganaría aunando en una sola celebración feria, festejos taurinos y fiestas patronales. Se decidió para ello elegir la dominica quinta después de Pentecostés, que ese año caía en domingo 7 y que sirvió para conmemorar la entada en Amiens del obispo Fermín. Desde entonces no se ha vuelto a hacer cambios y el éxito es de dominio público.

El protagonismo de los San Fermines es el elemento taurino, con sus corridas y encierros. Se sabe que se lidian reses bravas desde 1385. Sin embargo, en la primera andadura, los festejos alcanzaron gran notoriedad por las comedias, representaciones teatrales y autos sacramentales que se representan al aire libre, también se ejecutaban danzas durante la procesión del santo patrón. Hacia 1598, se añade el elemento festivo como son los torneos de danzas en los que aparece el personaje del zaldiko, caballero de corte carnavalesco, quienes simulaban rejonear al toro.

El toro de fuego o zenzensuzko san ferminero hace su aparición en 1596, todavía en forma de serpiente, quemada al final de la procesión; en la que había desfilado con los danzantes. También durante el S.XVI-XVII se introduce la comparsa de gigantes y cabezudos. Hacia el 1610 se nombra un director de comparsa que junto al toro de fuego era quemada como otra diversión más festejo. Este mismo año se citaban las sokomaturra.

En 1648 s construyeron cuatro gigantes para estas fiestas, pero ese año dejaron de quemarse al final de las mismas, conservándolos para celebraciones futuras, aunque siguieron sirviendo de base para alardes pirotécnicos. Pocos años después, hacia el final de la década de los 50 aparecen por San Fermín equilibrista y malabarista.

Con la inauguración de la capilla de San Fermín en 1717, dentro de la iglesia de San Lorenzo, hay una ordenación importante del conjunto de celebraciones patronales. En 1748, se introduce un espectáculo denominado “Banderillas a la zinzilika”, consiste en que un equilibrista banderillease a un toro desde una maroma tendera enfrente del toril.

La presencia de atracciones se haría más intensa a lo largo del primer tercio del S.XIX. Será con la época napoleónica, cuando los Sanfermines tuvieron un paron para después resucitar en 1814 con nuevos bríos. En 1860 se estrena una nueva comparsa de gigantes donde aparecen los cabezudos, terror de la chiquillería conocidos como kilikoso kilikiak.

En la actualidad las fiestas de San Fermín, tienen todos los elementos añadiendo el elemento colorista de las Peñas Sanfermineras. Nacidas a principios de siglo de la unión de unos cuantos amigos que compartían su dinero para acudir a los toros, hoy son sociedades recreativas con estatutos, socios y subvenciones oficiales. Estas peñas de mozos, caracterizadas por el color diferenciados del atuendo de sus miembros, dan una nota de humor con sus pancartas de sátira.

Se complementan las celebraciones con una especie de repetición, aunque con tono menor que tiene lugar el 25 de septiembre; son los llamados San Fermines Txiki, en memoria del martirio del santo. Y son al mismo tiempo patronales en Beriani y en el convento de San Fermín de Aldapa.

Pasado y presente del encierro

Antaño había encierro de reses bravas en todas las ciudades donde se lidiaban toros, ya que éste era el procedimiento comúnmente empleado para llevar los animales hasta los corralillos de la plaza. Hoy día caída en desuso, por los avances en el transporte.



Hasta el S.XVIII, los toros, mezclados con el resto del ganado vacuno, entraban en Pamplona en tropel hasta la Plaza del Castillo. En ese lugar se improvisaba un ruedo, a base de levantar gradas y tribunas, a fin de celebrar las corridas de toros. Los animales eran introducidos en la ciudad a muy temprano hora del amanecer, guiados por pastores de reses bravas, montados a caballo en algunos casos y algunos carniceros de la villa, que lo hacían a pie. Hasta el S.XIX no se conoce a los corredores espontáneos delante del toro.

Los toros, cabestros y mansos entraban en el recinto amurallado a través del portal de la Rochapea, continuando por la Cuesta de Santo Domingo, Plaza de la Fruta, Mercaderes y Chapitel, para quedan enchiquerados en los improvisados toriles de la Plaza del Castillo. Previo bando de que los toros no se desviasen de su recorrido. En época antigua, y debido a que todavía no era costumbre matar a los toros durante los espectáculos taurinos, tenía lugar tras a corrida lo que puede dominarse “desentierro” de los toros, conduciéndolos en sentido inverso por el mencionado itinerario hasta sacarlos de la ciudad.

Era frecuente, desde el S.XVI, que el abanderado de San Fermín, autoridad representativa de la fiesta, elegida por el Ayuntamiento de entre sus concejales, fuese a buscar los toros a caballo, para después galopar delante de ellos en el encierro. Pero por no ser decorosa el Ayuntamiento lo prohibió como también maltratar o herir los toros con lanzas y garrochas como se hacía en tiempos remotos.

En 1844 se inauguró en Pamplona una plaza de toros portátil o desmontable, ubicada fuera del caso antiguo de la ciudad. No será hasta 1855 que exista la primera plaza de toros estable, el ganado era introducido hasta el coso taurino a través del Portal de San Nicolás. Para ello se aprovechan las oscuras y tranquilas horas de la noche a fin de no molestar al vecindario. Pero esto haría desaparecer el verdadero espíritu de San Fermín.

Así que 1856 y debido a las pocas presiones que hubo, el encierro se vuelve a hacer a la antigua usanza. En 1875 se suprime los caballistas y son los pastores y los carniceros a pie los que conducen a las reses hasta el cosos taurino. Es entonces cuando los mozos pamploneses se unen a estos, cada vez en mayor número. Nace así lo que modernamente conocemos como “corredor” del encierro. Tienen una vestimenta característica donde predomina el blanco de la indumentaria y el rojo pañuelo y todas las mañanas se encomendaban al santo patrón San Fermín, con gran devoción y cantándole una salve antes de que comenzase el encierro.



Desde 1922, en el que ya existe la actual plaza de toros, se hace el mismo recorrido, Baluarte de Rochapea, Plaza Consistorial, Mercedes y Estafeta, para allí desviarse ligeramente a la izquierda, enfilando ya el callejón de la plaza de toros. Durante el recorrido se pone un doble vallado para facilitar la conducción del ganado, así como para que puedan encontrar refugio los mozos en momentos de apuro.

Sanfermines en Lesaka

Se trata de una Ezpata-dantza ejecutado por danzantes masculinos en parte principal, pero que sustituyen modernamente la espalda por bastones adornados en espiral con cintas de colores. El acontecimiento tiene lugar el 7 de julio.

Los bailes debían de ser con espadas, porque la villa de Lesaka estaba dividida en dos partes y cuando alguna pactaba treguas de paz, los danzantes bailaron sobre los petriles del río Onin. Y lo siguen haciendo en la actualidad sobre tan estrecha superficie, siglos después, al son del Tantiru-Mairu con las características de una tradicional danza de espadas.

Los dantzaris visten camisa y pantalones blancos, alpargatas del mismo color con adornos rojos, al igual que roja es la faja que llevan a la cintura y la boina con la que se cubren la cabeza. Lucen un enorme escapulario de distinto color, y un par de piezas de tela llena de cascabeles, por encima de las pantorrillas.

Las mujeres visten falda larga de paño, de distintos colores, blusa blanca y corpiño de distinto color al de la falda. Calzan zapatos negros y van tocadas con un pañuelo blanco. Además, llevan colgados a la cintura un par de pañuelos blancos doblados.



El conjunto coreográfico se compone de seis partes diferenciadas: Makil-gurutze-dantza o cruces de bastones; Ziarkakoa o danza lateral; Zubigaiñeko-dantza o danza encima del puente; Mutil-danza o danza de muchachos; Neska-dantza o danza de muchachas; y Aurresku.

Sobre las 8’30 de la mañana, los dantzaris, a quienes acompañan un grupo de tixtularis se dirigen a una misa convenientemente ataviados tanto el camino de ida como en el de vuelta interpretarían al tiempo que se desplazan la Makil-gurutze-dantza. Tras un almuerzo, autoridades, clero y banda de música se incorporan a la procesión donde los dantzantes, precediéndola, ejecutan nuevamente la referida danza de bastones. Al llegar al pórtico de la iglesia formarán con sus makillak, bastones, un arco bajo el que pasarán las autoridades, penetrando en el templo.

Terminada la misa solemne, durante la cual danzantes y txistularis aguardan en la calle, se interpreta nuevamente la Makil-gurutze-dantza ante la imagen d San Fermín de la procesión. Más tarde el cortejo procesional se detendrá tanto en la Plaza de Abajo como en la Plaza Vieja, momentos ambos en que los bailarines ejecutarán sendas ziarkakoak. Cuando la procesión concluye es recogida la bandera municipal que se había quedado en la parroquia, y las autoridades, acompañadas por los dantzaris, se encaminan hacia el edificio del Ayuntamiento. Será al pasar de nuevo por la Plaza de Abajo, cuando los danzantes se suban a los petriles del río Orin y ejecuten la famosa Subí-gai-ñeko-dantza, tras la que se ondeará simbólicamente la bandera sobre el puente que une ambas orillas. Cuando por fin la comitiva llega al Ayuntamiento hace un arco de autoridades, a la puerta de la Casa consistorial, bajo el que pasan éstas. Por último, la bandeja es izada en el balcón principal del edificio, quedando finalizado el acto.

Por la parte, tras una función religiosa, en la que actúan los mismos dantzaris que por la mañana, tiene lugar en la Plaza Vieja la ejecución del resto del repertorio musical. En esta ocasión, con la intervención femenina, se interpreta la Mutil-dantza, Neska-dantza y el Aurresku.

Los Sanfermines, la fiesta más popular de España

Quedan sólo unos días para que arranque una nueva edición de los Sanfermines, probablemente la fiesta española más conocida en todo el mundo desde que el Nobel estadounidense Ernest Hemingway la inmortalizara en su novela llamada precisamente ‘Fiesta’.

Como es tradición, los festejos comenzarán a las 12.00 de la mañana del día 6. A esa hora se lanzará el ‘chupinazo’ desde el balcón del Ayuntamiento, lo que provocará una vez más el paroxismo entre los miles de personas que abarrotan la plaza todos los años.



Comienzan así nueve días de auténtico desenfreno. No en vano, hay más de 520 actos programados, de los que 342 son actividades musicales, 137 infantiles y familiares, 33 taurinas y 8 institucionales.

Los encierros

Los encierros son el evento estrella de las fiestas de Pamplona. El primer encierro se celebra el día 7. A las 8 en punto de la mañana, se abren las puertas del corral de Santo Domingo y cientos de personas corren delante de las reses a través de un trayecto por el casco antiguo que desemboca en la plaza de toros.



A grandes rasgos, se pueden distinguir dos clases de corredores: los turistas, más o menos despistados, que afrontan la carrera como una continuación de la fiesta nocturna (son los que suelen provocar los accidentes); y los corredores profesionales, que se levantan por la mañana y realizan el recorrido haciendo lo que hay que hacer en todo momento.

La carrera, 825 metros de longitud que se recorren en alrededor de tres minutos, se repite todos los días, aunque las más concurridas son la primera y las que tienen lugar en fin de semana.

Las corridas

Los festejos taurinos son parte indivisible de los Sanfermines. El problema para los que quieran acudir a ver una corrida es que prácticamente no hay entradas a la venta, pues el 90% del aforo está reservado para los abonados. La opción más plausible, aunque es ilegal y cara, es adquirir las localidades en la reventa.



Al igual que ocurre con los encierros, se pueden distinguir dos tipos de asistentes: en los tendidos de sombra, el público permanece atento a la corrida como en la mayoría de las plazas; en el sol, copado por las peñas, la atención va en función de cómo vaya la tarde.

Otros actos de interés

La música es otra de las constantes de la fiesta pamplonica. Este año, habrá grandes nombres del rock nacional cómo Mago de Öz, Def Con Dos, Sôber, Txarrena, La pegatina, Koma y Vendetta, además de grupos locales y ‘Dj’.



El programa de actos también incluye momentos más tradicionales como la procesión del patrón, el día 7 de julio, la comparsa de gigantes y cabezudos o los siempre espectaculares fuegos artificiales.

San Fermín acaba el 14 de julio, a las 12 de la noche, cuando la gente se reúne en la Plaza del Ayuntamiento y, portando velas encendidas, canta el ‘Pobre de mí’. Será el momento de quitarse el característico pañuelo rojo del cuello y empezar a contar los días hasta la próxima edición.

Durante estos días Pamplona se convierte en protagonista por las mundialmente conocidas fiestas de San Fermín que dieron su salto a la fama gracias al empuje que le dio Hemingway. Son días de diversión y euforia, cargados de especial emotividad para los amantes del mundo taurino.

Ir a San Fermín es irse de juerga continua, no nos engañemos, y suele ser también un recuerdo imborrable que, eso sí, se paga. Todo sube de precio, puedes alquilar hasta balcones de casas particulares para ver el encierro, y el alojamiento se torna una preocupación así que conviene ir preparado. Hay quien prefiere ahorrar y opta por dormir en los jardines de la ciudad.

Correr sin haber dormido es una peligrosa irresponsabilidad que te afectará tanto a ti como al resto de corredores Una atracción fundamental es el encierro que diariamente se celebra por las calles cercanas a la plaza de toros. Es precioso de ver pero peligroso participar, así que si eres amante del riesgo conviene que cumplas requisitos como estar en forma, conocer el recorrido, prever cómo actuar ante las situaciones y, desde luego, estar descansado.



La plaza de toros se llena a diario para disfrutar del espectáculo taurino, el gran festejo de estos días. No obstante hay otras actividades. En la Plaza de los Fueros al mediodía hay una exhibición de deporte rural vasco: cortadores de troncos, levantadores de piedras y otros muchos

En el Parque de la Media Luna se celebran por la mañana espectáculos varios de cultura vasca: un día, un festival de bertsolaris, improvisadores de poemas cantados en euskera; otro día, un tradicional concierto masivo de txistus (instrumento de viento semejante a una flauta). En el Paseo de Sarasate, suele haber recitales de jotas (canciones principalmente en castellano típicas del sur de Navarra). En el Bosquecillo todos los días a las 20'30 de la tarde, grupos de baile y música de las casas regionales (andaluzas, extremeñas, gallegas...) dan una buena muestra de folklore español.

Disfruta del San Fermín más completo y aprovecha todo lo que pueden ofrecerte estas fiestas.